Opinión: LAUDIO 1 – 4 PORTUGALETE. COMO ESPERANDO ABRIL

Fecha: 14/04/11


Cita. “Padre, perdónale, porque sí sabe lo que hace”

Una canción, una carta, un artículo. Un deseo, un lamento, una emoción. Un trovador cubano, un literato muerto, un cronista desamparado…

“Como esperando Abril” tituló Silvio Rodríguez una de sus canciones de aquel, en Portugalete, su primer disco de Días y Flores. De aquel título comparativo, pero sin par, se sirvió este hombre al que leéis para hacerle llegar a Pilar del Río, mujer de Saramago, todo su pesar por la terrible pérdida del escritor que a punto estuvo de romper en llanto (“casi le haces llorar a Saramago; así de claro”, me escribió en una misiva la traductora del Premio Nobel de Literatura) mientras su esposa le leía una carta que a Lanzarote desde Portugalete le llegó volando en un cometa de todo corazón. Y para que no hubiera habido dos sin tres, este articulista, que se parapeta en la lucha tras el nombre de guerra que le puso su primer entrenador, el nunca del todo llorado Urbano Anda, aprovechando que el mes camina crecidito, se sube en marcha al tren de las aguas y propone una cuestión: ¿Qué suponía Abril para el poeta? Y luego otra: ¿Qué habría de suceder en Abril para que un hombre, que en noviembre de 2010 vivía tan sólo por ser más fuerte que todo obstáculo y todo dolor depositara a tan largo plazo la consumación de su esperanza? ¿Qué tiene Abril para merecer tan larga espera? ¿Acaso sus aguas mil? No lo creo. Eran tiempos muy duros los que vivía y sufría este articulista cuando estampó su firma bajo la fecha de un 20 de noviembre a fin de que Pilar del Río se hiciera cargo de la inmensa tristeza que le embargaba luego de que, descendiendo el pico Serantes, la radio le diera la mala nueva de la desaparición del Nobel de Azinhaga. “Como esperando abril” encabecé aquel sentido homenaje al escritor muerto, aquel epistolar paño de lágrimas para que, con él, Pilar se secara su cara bonita…Un trozo del otoño más cruel jamás vivido. Todo un invierno, con su crudeza, aderezado con la inmisericordia de la mujer que, en tarde de 5 de enero, le dijo a un hombre derecho, pero aún sin estar del todo hecho, que los reyes son los Padres, que los padres son los Reyes. ¡Hace falta valor!…La primavera, como siempre, de inmediato al 20 de marzo. Y poco después, Abril, que se rebela ante el refranero arrojando rayos de sol en vez de empezar a contar, una a una, las mil aguas prometidas. Por fin Abril. Larga ha sido la espera, mas no en vano. Ha merecido la pena…

 

Y sucedió que Abril era domingo. Y sucedió que Abril era a las 5…y media, ¿quién fijo tan rara hora para un partido de fútbol? O a las cinco le sobra media hora o a las seis le faltan treinta minutos. Abril. Diez de Abril de 2011. El primer año de la era después del hombre que escribió “El evangelio según Jesucristo”. Y en tan esperado día, hay un hombre que, al de dos de honrar la memoria del poeta Martio Angel Marrodán con su más sentido verso, juega a ser Dios compartiendo con el Altísimo el don de la ubicuidad. Si hasta ese momento el gozo de la montaña y la magia del fútbol del Portugalete resultaban incompatibles en una misma jornada dominical, he aquí que, en día diez de abril, jugando el equipo tan lejos de casa, el espíritu  que le anima le enciende ambas pasiones; le ilumina, haciéndole entender que  la devoción por las alturas –donde la roca es lecho y la cumbre de mullida hierba es- y la obligación del rito dominical de su equipo jarrillero se pueden experimentar en la misma jornada. Qué hacer, se pregunta, para, sin la ayuda del sol, conjugar el verbo hollar y ese otro que se nos promete en lo más hermoso, allá en lo alto de Laudio, en Ellakuri, donde en duelo el calendario ha citado al virtuoso y al gigante, a esos dos equipos, en fin, que al principio de los tiempos, cuando la vida nacía, Dios unió sin la más leve sospecha de que el tiempo de los hombres, de que los hombres del tiempo (“Lord of the ages”, canta MAGNA CARTA) terminarían separándolos. Al despertar al nuevo día, el montañero, repasando la clasificación, asombrado exclama: ¡qué distancia tan brutal, qué mundos tan separados! Pero como la ilusión se le desborda en su vasto continente, se viste de lo que en verdad es: un andarín, un caminante, que, más que nada por evitar el asfalto hostil e impenetrable, antes de que en el reloj dieran las doce con el fin de que el embrujo de la jornada un mal cuento no lo deshaga, se sirve del Metro, hasta Bilbao, y en Abando se sube al tren con la certeza de que no se habrá de estrellar porque, en una canción se lo escuchó a Celtas Cortos, le ha llegado la hora de ser el pescador. Antes de la caña y los chicharros, deberá ejercer de senderista, de escalador, e incluso de alpinista. Partiendo de Arrankudiaga, hará cumbre en el prominente Goikogane, para, desde su cima, remontar el cordal camino del Ganekogorata. Mirando siempre al frente, deteniéndose  tan sólo para besar con sus frías manos (se resiste a utilizar los guantes de gore-tex) el Mugarriluze y el Kamaraka. Y al hacerlo, en tropel acuden a su memoria tiempos pasados y acaso mejores. Y musita entonces: Caminante, sí hay camino, se hizo camino al andar, hace nueve años, junto a ella. Fue al revés, bien lo recuerda: si entonces la vida era dejarse caer pendiente abajo cogido de su mano, ahora es un triste salmón que remonta la corriente en busca del origen, allá donde nació a la vida: Ganekogorta (en cuya cima Lucifer le tentó con una ducha caliente en La Florida; pero no cayó en el soborno)…Bilbao, Portugalete. Por fin la Noble Villa. Y en lo alto, La Florida: cuna, juego, alegría y también llanto por la muerte de un padre y alguna que otra brecha. Qué espléndida y generosa es la naturaleza cuando se viste de monte: noble, pura y sin dobleces. En cuerpo y alma se entrega sin pedir a cambio otra cosa que no sea el esfuerzo, el jadeo, la fatiga, el cansancio…y esos lagrimones de alegría que en sudor el cuerpo derrama por todos sus poros. Ya coronó el futbolista la cima del “Ganeko”; ya se dio la media vuelta el montañero para dejarse caer por la cuesta que le ha de ubicar en el asiento de una tribuna. Antes, un regalo, precioso como ninguno, para sus ojos: el hermoso paraje que rodea y envuelve la ermita de la virgen del Yermo y la iglesia de Santa Lucía. Si, volando en un helicóptero, le hubieran llevado hasta allí con los ojos vendados, a la pregunta de ¿Dónde?, él habría respondido: Anda, Los Prados del Conde, el rincón más bello de la Sierra de Castril, en Granada. Castril de la Peña, aquel pueblecito donde “Luis” estrechó la mano de Saramago mientras hablaba con él mirándole fijamente a los ojos. Y con Pilar también habló; qué mujer tan amable y cariñosa…, y qué triste a día de hoy desde que su amado José la dejara fuera de la casa de este mundo, a la intemperie…

 

A intervalos ha llovido en este viaje que ha llegado a su meta, que no a su fin, cumpliéndose, así, la profecía de Pablo Milanés: “Todo se va/ todo tiende a  pasar/ por el tiempo que nos dejaron/ para ver que al final del viaje/ todo vuelve para comenzar”. Y quien más quiere que regrese es el Portu con el Hijo pródigo a la cabeza ejerciendo de maestro de ceremonias. Como ya se narró en La parábola equivocada, el Padre, desvirtuando el sentido de la metáfora del Nazareno, no conforme con el buen recibimiento al Hijo recuperado: el baño, la túnica y el banquete, al cabo de la semana, bien por fallo de su memoria, bien porque se siente culpable de lo que habrá de suceder, repite celebración sin reparar en gastos. Todo lo mejor para mi hijo, se dice. Y así es como las sirvientas se recrean hasta el regocijo en su cuerpo con jabones, ungüentos, masajes y colonias. Puro hedonismo. Cuerpo estremecido que se cubre con la túnica más bella. Y otra vez a la mesa: ancha, larga, enorme. Cubierto está el mantel de majares, apetecibles todos ellos. Y es así que nadie se sacia, nadie se harta. Fino es el paladar del hijo, sumamente agradecido porque está comparando la tierna carne del cordero con la áspera y dura bellota…

 

Entra tan pronto al estadio que encuentra el rectángulo vacío. Toma asiento en la tribuna: ni muy alto ni muy bajo; ni a la derecha ni a la izquierda: en el medio –en este caso en el centro- está la virtud. Sabedor de que el evangelio no le ha reservado silla en la mesa del banquete, engaña a su estómago, luego de la bebida mineralizada, a base de fruta, barritas energéticas y un líquido yogur. Ya están, para entonces, los jugadores calentando; y asiste a la salida al campo, desde las entrañas de la tribuna, del trío arbitral, que obligado está también, como los futbolistas, a poner a punto la musculatura y las articulaciones. Haciendo tiempo, como se dice, o quizás deshaciéndolo sería decir lo correcto, ojea la Hoja informativa, negro sobre blanco y la cabecera roja, que titula: “Un partido que puede servir para comenzar a soñar”. Iván Sedano, responsable de la publicación, homenajeado en los prolegómenos siéndole enfundada una camiseta rojiblanca, al no matizar, al no citar el nombre del equipo que habría de penetrar en el mundo onírico, escribía al dictado tanto de sus intereses como de los nuestros. “Comenzar a soñar”…pero…¿quién?: los que buscan el liderato para embarcarse en la apasionante aventura del Play Off…o esos otros, de oro y hulla vestidos, que están sentando las bases para ese día feliz que está llegando cimentando con garantías el templo en el que habremos de oficiar hasta el campeonato la próxima temporada. Javi Luaces asiste al ritual de sus jugadores pisando el precioso césped del campo. A estas alturas, por experiencia propia o porque lo ha leído en estos papeles, sabe que es el Hijo pródigo de una parábola equivocada. . De ahí que no le llame la atención tanto mimo y arrumaco. De ahí que esté casi seguro de que el Padre, con la excusa de un choque liguero, le tenga preparado el enésimo banquete desde el día aquel de su regreso, aquella mañana contra el rudo Zalla en la que se hartó de comer y beber…pero sin caer en el empacho y la borrachera. El que sueñe con asiduidad, por la noche, quiero decir, el que dormidito en la cama tenga sueños me entenderá perfectamente si le digo que si la realidad supera la ficción, los sueños estarán siempre muy por encima de las cosas que nos suceden mientras estamos despiertos. Yo sueño. Mucho. Sueño tanto que hasta mi casa, en un momento concreto, pasó a denominarse “La Casa de los Sueños”. Mas de cien tengo recopilados, escritos, casi todos ellos, de seguido al despertarme sobresaltado en lo negro de la noche. Y ni aún así la lectura de cada uno de ellos cobraría sentido en el entendimiento del lector. Porque los sueños son para vivirlos y sentirlos. Tratar, ya en tiempo de vigilia, de pasarlos al papel es tarea ardua y casi siempre infructuosa. Porque el sueño es sensación, es sentimiento, y la palabra, ya expresada en voz, ya escrita en el papel, resulta vana cuando se trata de dar fe de lo vivido y sentido una vez que los ojos se cerraron como telón que pone fin al teatro de la vida. Nunca he sufrido tanto como en sueños. Jamás he padecido angustia mayor que estando dormido. Del mismo modo, el placer de los sentidos alcanza su apogeo sólo cuando uno se sume en esa muerte aparente que es el sueño. ¿Enamorado y feliz?…¡Sólo en sueños! ¿Tener medio siglo de vida y saltar desde el banquillo al campo para resolver en La Florida un partido decisivo?…¡Sólo en sueños! ¿Golear en San Mamés vestido de rojiblanco?…¡Sólo en sueños!…La vida es sueño, lo dijo Calderón. Pero yo digo que el sueño es la verdadera vida. Y como la mente vuelve la mano torpe a la hora de plasmar en un papel lo soñado…¿qué os puedo yo contar que resulte coherente del maravilloso, del idílico sueño que tuve en Ellakuri desde que el sonido del silbato arbitral me durmiera a eso de las cinco y media…hasta que otro, semejante, me hiciera abrir los ojos, y, ya despierto, unos desde el verde y otros desde la tribuna sacáramos ese invisible humo rompiéndonos las palmas de las manos en aplauso agradecido a nosotros mismos por habernos regalado el sueño más bello de toda la temporada regular. Y era Abril, cómo no…Cuando Abril era domingo…Cuando Abril era a las cinco…

 

Desde el 20 de noviembre, sufriendo lo que no está en estos escritos, entregado en cuerpo y alma al juego de la espera (Waiting Game, canta Van Morrison). Y había merecido la pena tan largo plazo. “En busca de un sueño dios vino a la Tierra”…En busca de un sueño anda el Hijo pródigo para cambiar la suerte de la parábola equivocada. Para que el Padre reflexione y vuelva a ese redil en el que el buen cordero es fiel a la palabra prometida. Te prodigaste en fiestas, en orgías, en despilfarro…Pero has vuelto, y eso es lo que cuenta, pero no al menos de momento. El Padre se ha vuelto loco (y ello nos desconcierta), no sé si de alegría. Y por eso no habrá de sorprenderle que al día siguiente, la prensa, en una crónica diminuta y peculiar, emplee más palabras en el título de la crónica del partido que en el resumen del mismo: “El Portugalete no tuvo rival”. Y encima de los goles, las alineaciones y el abultado resultado, un título de tres líneas en letra grande y negrita: “GRAN FESTÍN PORTUGALUJO ANTE UN RIVAL SIN FUELLE”. Hablan de festín, ¿Os suena, verdad? ¿Te suena a ti también, Javi Luaces? …que no acabas de entender, que andas con la mosca detrás de la oreja con tanto homenaje. Pero claro, el mundo de los sueños encierra razones que la propia razón no entiende, y ni siquiera el corazón. Soñar es gratis, dicen. Pero si el sueño es como aquel del Getafe, sabe, entrenador, que dar con una razón, como tú diste, alumbra deberes. Deberes que se han dejado para última hora. Así que, mientras cada palo aguanta su vela, preparada está la carabela portugaluja, viento en popa, a toda vela, para iniciar el, de momento, su último periplo camino de Itaca…

 

De tanto banquete, de tanta jarra de vino, saltaron nuestros jugadores al precioso verde un tanto “chispaditos”. De ahí que no me extrañara que el equipo, como si los once fueran un solo jugador, comenzara haciendo eses: Sereno, Sosegado, Sobrio, Serio…Sensacional…Soberbio…¡Sublime! Y como a buen entendedor, pocas palabras bastan, con tal sólo siete os he sumergido en el mundo de mis sueños. Anhelaba Iván Sedano, el redactor alavés, el “Comienzo del sueño” laudiotarra. Y he aquí que, como Fredy Krubeg, el de Pesalilla en Elm Street, el Portu irrumpe en conciencia ajena y, cual ladrón de ensoñaciones, de ilusiones soñadas, le roba el corazón al soñador enemigo, y un trozo del alma. El hijo pródigo, sabedor de que está condenado a ser la víctima de una parábola equivocada (ojala sea yo el equivocado y el Padre le renueve la confianza amorosa un día en él depositada), engordando como está para morir, matando quiere dejar de existir ya una vez en su poder la orden de expulsión del paraíso de La Florida. ¿Por qué el Portu, ya desde el inicio, me adormeció para soñar en un mundo de fantasía? Porque era Abril, sin duda. Ese Abril del trovador cubano en su disco de Días y Flores. Porque en noviembre, cuando tanto sufría, le pedí a Pilar del Río que estuviera atenta al inicio de la primavera, cuando “de lo fétido de la vida saca almíbar la fruta y colores la flor”. Cuando el Portu, ese equipo que juega por mí, se regala en mil sueños a la vez que el cielo derrama un precioso y delicado sirimiri…

 

Y del juego en sí, qué deciros. Os invito a cerrar los ojos e imaginar el partido soñado, soñar el partido imaginado, al borde de la perfección. Y a ver cómo el estratega se reivindica, el inmortal Javi González, el que, con el juego detenido, donde ubica su deseo pone el balón: ora en la testa de Pinilla para que el riojano lo estrelle en el travesaño, en beneficio de Salcedo, que  se hace con el rechazo y se regocija al convertir en gol su remate certero…Ora en la cabeza de Ander Vidal que dirige el cuero a la escuadra del palo más largo, por lejano. Y cuando la pelota se mueve alegre en contraataque, el pequeño Raúl recorta a su contrario, le burla, y, con un golpeo magistral, hurga en la herida poniendo el esférico en el mismo espacio del que se sirvió Vidal para el segundo gol de la tarde. Antes del tercero, Javi González, demostrando que ni siquiera él es perfecto, por enredarse en filigranas cedió el balón a su rival a la altura del centro del campo, pisando casi la cal de la línea que va desde un corner hasta la otra esquina. A resultas del fallo, un pase largo y diagonal que provoca el uno contra uno, en el que Silas es más rápido que Macías a la hora de llegar al balón, que, puestos a imaginar, bien podría haber sido el pañuelito de aquel divertido y añorado juego infantil. A pesar del recorte en el luminoso, sigue el Portu a lo suyo: puro derroche; el partido ideal en el escenario perfecto; ante un equipo rojiblanco que sólo me provoca elogios. Sin duda alguna, el Laudio ha sido la mejor escuadra a la que el Portu se ha medido: calidad, elegancia, categoría…Un juego preciosista; maneras de campeón. Respeto absoluto al balón y a las leyes que rigen el mundo de la estética. Resume el cronista en el diario que “El Portu no tuvo rival”. Mentira. Lo tuvo; y fue muy bueno. Sucedió que era Abril;  y que Abril era domingo…y que Abril era a las cinco. Por eso no pilló a nadie por sorpresa que Iñaki Moreno, en el ochenta, superara al descomunal José Carlos desde la larga distancia…

 

“Como esperando Abril”…Lo dijo el trovador a comienzos del segundo lustro de la década de los setenta. Lo escribió este cronista en noviembre del año pasado, 2010. Y por tales antecedentes, no puede titular de otra manera el artículo del partido en el que, mientras lo gozaba, con rabia recordó que lo más terrible lo habíamos aprendido demasiado pronto…y que lo hermoso nos estaba costando la vida. Dulce sueño de Abril…Pero, cuidado. Al mes, mediado como está, le faltan días…, o le sobran. Y será, por tanto, que llegue la Semana Santa. Y en ella incrustado, el terrible viernes de pasión. Así como se me regaló el don de la ubicuidad para disfrutar de las montañas y mi equipo, se me ha concedido la capacidad de viajar en el tiempo mirando al frente…Es 22 de Abril, viernes santo. A eso de las 3 de la tarde, situado en el Alto de la Pastora, dirijo la mirada hacia el norte de la villa…Hasta que mis ojos se frenan en el cerro Kanpanzar, monte de la Calavera, Gólgota, Calvario también llamado. Y en su cúspide, clavadas están tres cruces con sus tres crucificados. Para el momento, Gestas, el “mal ladrón” llamado por su comportamiento grosero, ya no tiene vida. El Hijo de Dios está a punto de decir que “todo se ha consumado”. Por ello, Dimas, bautizado en su extremaunción con el nombre de “el buen ladrón” por haber sabido pedir perdón a tiempo (y a cambio, el Paraíso prometido: ¡menudo regalo!) , viendo que cualquier intento de diálogo con el escogido, con el elegido, en fin, con El Enviado resultaría fallido porque el Hijo ha asumido su terrible final y no está para más verbo, en supremo esfuerzo eleva su mirada al Cielo y en súplica se dirige al que en las alturas desde hace ciento dos años se dedica a hilvanar la historia de un club llamado Portugalete, así como también sus zamarras de oro y hulla…Y le dice, y le pide, y le suplica, y le exclama, y le grita: “¡Padre, tú que eres “amable”, y sobre todo compasivo. Mira a tu Hijo, Padre, míralo, que, siguiendo consignas tuyas, nos ha amado hasta el extremo. Fíjate en su cara, en sus ojos aún abiertos, en su mirada noble y sincera. Te lo pido yo, un ladrón. Padre, mira fijamente a tu Hijo, en sus días de gloria por ti más amado…En fin, ¡Padre, perdónale, porque sí sabe lo que hace!

Grumete Diego. La Florida. En la “Casa de los Sueños”. En Abril de 2011.

Firmado: “Luis”. Futbolista del Club Portugalete.


Opinión: PORTUGALETE 6 – ZALLA 1. AMOR PARA VIVIR

Fecha: 25/03/11


Eskaintza:  A Txutxi Aranguren, que me obsequió con el encanto de su sonrisa.

A Txutxi Aranguren, un color en el iris del arco de San Mamés.

A Txutxi Aranguren: tanto amor… ¡y no poder hacer nada contra la muerte!

Cita: El amor, cuando es vengativo, es un plato que también se sirve frío.

(El autor)

 

AMOR PARA VIVIR

Cuando Kino, el de “kopi-denda”, con dos días de antelación y de manera sorpresiva, me regaló la hoja informativa amarilla y negra que, a la entrada del municipal de La Florida, el Club Portugalete reparte entre socios y aficionados, no era consciente él, así como yo tampoco lo era, de que lo que había depositado en mis manos, más allá de convertirle en el señor de los tiempos y desafiar el anodino y terrible orden de Cronos, una vez en mi poder se transformaría en el Arca de la Alianza que Fortuna, la diosa de la suerte y el destino, había establecido y sellado con el pueblo elegido para guiarle, en el corto plazo de dos noches y tres días, hasta la Tierra Prometida…

La primera muestra de que el artefacto obraba maravillas y provocaba prodigios me llegó esa misma noche del viernes a modo de copos de maná que se posaron en la pantalla de mi teléfono móvil; una suerte de gota de rocío, agua indivisible con el que poder lavarme mi carita y las heridas del alma antes de caer, inconsciente, en los buenos, necesarios e imprescindibles brazos de Morfeo…

Para que su mensaje hubiera resultado a mi entendimiento certero e incontestable le faltó a mi buen amigo Juan (todavía no ha contestado a mi pregunta: ¿Por qué un vasco de Ortuella, como tú, es del Barcelona?) haberme advertido de que el bendito “biskaibús” de la Diputación, a la manera de los magos de oriente queriendo salvar el escollo de un presunto Herodes portugalujo, evitaría la villa de la señora de Haro tomando el atajo de la vía vieja de Cabieces a fin de alcanzar Ortuella camino de Sopuerta, el pueblo encartado donde, por cuarta vez en mi vida, habría de asistir  al enésimo milagro de los cadetes del Sopuerta, peculiar equipo donde los haya, pues, no en vano, para dar fe tanto del milagro como de su peculiaridad, siempre juegan los mismos y no hay dios que se enfade, ni siquiera el del arca de la alianza, y, por tanto, mucho menos los chavales y sus padres, pues en esta sección de la entidad, hablar de plantilla y once inicial es decir casi siempre lo mismo. Oigan ustedes, lo nunca visto…pero lo ya cronificado: en artículo radiofónico convertí yo su gesta semanal a demanda del aita de Iñaki, uno de los once “futbolistas de plastilina” (escuche el lector las “Crónicas de Kuitxi” y entenderá) que, con tanto gusto y pasión, por dos veces leyó en su estudio, envuelto en la música y la voz de Van Morrison: “This are the days: estos son los días) el maestro de la radio Joxe Iragorri en su “Oye Cómo Va” nocturno de una de las noches de los cinco primeros días de la semana. Su falta de precisión y mi desidia provocaron una llegada tardía. Una primera parte fallida. Fue levantar la vista, asistir a un par de lances del juego…y escuchar el delicado silbido del “referí”. Sin goles. Empate a cero. También a la conclusión. El punto de la Federación ese famoso que llaman. Ni para ti ni para mí. Todos contentos. Hora de celebrar. Y como sucedió la semana pasada en Gernika, en lo que a mi respecta (portavoz oficioso y virtual de los jarrilleros), la comida antes del festejo del partido del día después. En el barrio Las Ribas, en casa única; caserón o moderno caserío. Mesa y mantel para cuatro comensales: ella y él, o sea los padres que para mí, al ser mis amigos, son los reyes magos; Iñaki, de media punta…y su ausente hermano Aitor estudiando en Castilla y León: lo que la universidad de Salamanca enseña que no lo borre Deusto. Universidad, Carreras…¡qué lugares! Yo ya fui partícipe, y hasta el final, de la mía, Periodismo. Qué tiempos aquellos, ¿verdad, querido Hoss?, cuando el equipo de fútbol de “San Informando” barría en Leioa luego de haberse quedado las aulas vacías…

…Comida. Sobremesa. Hay tantas cosas que decirse a la cara, que contar, Hasta que llega, para los anfitriones, el momento inevitable de la caminata por la senda otrora vía del ferrocarril minero, que va girando sobre sí misma, fundiendo y confundiendo de paso lindes de Galdames y Sopuerta, qué es del uno, qué es del otro. Todo me parece igual: si en el horizonte no viera el lado más salvaje del Pico de la Cruz; si me dejaran solo con la noche por delante…,igual me pierdo y mi suerte, dejado de la mano de dios como me hallo, queda a la espera del olfato salvador de un perro de San Bernardo con su barrilito de whiski colgando del cuello. De vuelta al hogar, donde había una pareja de hecho y con papeles firmados…ahora aparecen dos, mujer y hombre que se sumaron al rito de los caminantes. Iñaki se había ido con los amigos a ver Torrente 4. El hombre solitario, este mismo que, a su entender, estas cosas tan tiernas os escribe, sigue en su lugar y a lo suyo: a pesar del goce de sentir tan de cerca a sus amigos del Instituto de Gallarta, no puede evitar que le inunde una profunda tristeza que se refleja en sus ojos, esos que ya han perdido el coqueteo y la seducción en su mirada, esos que se clavan en la figura de la mujer convidada. Y la sienten, sino extenuada luego de andar, sí al menos fatigada. Para recuperar el resuello, toma, entonces, de la mesa la hoja amarilla y negra que Kino, el de kopi-denda, me dio en primicia, y, utilizándola a modo de abanico o molinillo, comienza a hacer con ella aspavientos que rozan casi su cara. Toma aire la mujer: sin duda, el primer prodigio del arca de la alianza que, sin saber que lo era el que de él se desprendió, va pasando de mano a mano como astilla de la cruz de cristo, como pañuelo de la Verónica, como sábana santa de Turín. Sólo cuando viajaba camino de Portugalete, a eso de las diez de la noche, caí en la cuenta de que en la casa de Sopuerta, y en orden creciente en base a su valor, me había dejado olvidadas las gafas de la presbicia, , el bastón del montañero…y la hoja amarilla y negra. O sea, el Arca de la alianza que Fortuna, la diosa, había formalizado con nosotros, jarrilleros, su pueblo elegido. Mejor allí, pensé; en casa ajena que en mis manos. Incluso desde la distancia, o quizás por el sosiego que da la lejanía, algo bueno tendría que ofrecernos cuando a la tapa le llegara el momento de la apertura total.

Me acosté tarde y me levanté temprano, hecho, este último, que no favoreció mi llegada al estadio con esa media hora antes que se precisa para ver calentar íntegramente a aquellos que, con buenas artes, luchan por mí en pos de la victoria. Aparte de la escritura, deudor soy también, de un tiempo a esta parte, de los cuarenta largos en la piscina cuatro veces por semana. Descendí las empinadas calles de mi villa con la sana y prudente intención de nadar y guardar la ropa. A medio camino, me topé con el virtuoso Txutxín Aranguren.Nos saludamos con afecto y cariño. Pobre Txutxín, me digo ahora, 20.15 del martes 22 de marzo, quién le iba a decir al hombre que al día siguiente, en el Laberinto de Cruces el Minotauro le iba a matar. Quién me iba a decir a mí que esta crónica acabaría siendo un calco de aquella otra en la que, como en ésta, la gesta de los futbolistas sería el preludio de la muerte de una gloria de la Villa; o que la muerte sería el triste bordón final de una alegre poesía…

Fui valiente en la pileta y nadé vigoroso, y prudente en la taquilla a la hora de guardar la ropa bajo candado. Quería abarcar tanto en la mañana de domingo que llegué con aprietos al campo de las flores. Dos minutos me perdí, para siempre, ya irrecuperables. Lo bueno del leve retraso: no escuchar el injusto, por repetitivo, abucheo de la parroquia a sus jugadores. Y al tercero, hablo de minutos, el de la vencida para un equipo blanquiazul encartado que de la estrategia había sacado el hierro con el cual forjar su entrenador cuerpos de acero para someter con dureza y contundencia las buenas artes de los chicos de Javi Luaces. No me preocupó, empero, demasiado el gol que nos habían encajado. Aún quedaba mucha tela que cortar. A decir verdad, casi el vestido del partido por entero. . Toca levantarse y seguir hacia delante. ¿Qué otra cosa se le puede pedir a un pueblo que camina hacia la tierra prometida portando sobre hombros de cuatro cuerpos virtuosos el arca de la alianza, que ya para entonces, mil veces multiplicada, se hallaba repartida en el recinto por doquier: ora en manos humanas, , ora bajo los asientos de la tribuna, algunos de manera inconsciente arrojados al suelo. El Arca de la alianza amarilla es, con negra escritura de adorno. Un código secreto que Fernando Pérez, entrenador de nuestros rivales, no alcanzará a descifrar.

Daba la impresión de que, luego del golpe recibido, éramos un pueblo que errante caminaba bajo un sol de justicia por un desierto conocido y riguroso. Las apariencias, sin embargo, sirven hasta que dejan de serlo. Veintiún minutos habían corrido en el reloj del marcador. Veintiuno, es decir, el mismo número que en peso se le atribuye al alma cuando el cielo se abrió y pude escuchar nítidamente la voz de la diosa: “Este es mi pueblo amado; vosotros sois los elegidos”. Fue entonces cuando ocurrió lo del descarado agarrón dentro del área foránea y el inmediato sonido del silbato arbitral. Etxabe (del que Angel el de los periódicos me acaba de decir que al Laudio se ha marchado. Y yo pregunto: ¿y nosotros qué ganamos?), por designio divino, se apropió del esférico, lo colocó con mimo en su cuna de cal pintada y, aplicando la famosa regla de “las tres erres”, lo encajó en la portería con el interior de su pie derecho: “raso, rápido…y a la red”, rebasando la línea de gol lamiendo la base del poste derecho de David, que, como buen cancerbero, no evitó la entrada en el habitáculo que en la segunda mitad habría de convertirse en el Averno, eso que por estas tierras llamamos Infierno. Lograda la igualada, confieso que esperaba más señales del Arca. Más los designios del cielo son inescrutables; y la diosa pedía paciencia: “Yo quito y doy;  y sólo yo decido el momento de la dádiva”. Y he aquí que el pueblo jarrillero, demasiado escarmentado, tuvo que esperar, no sin el desasosiego de aquellos que se muerden las uñas a los pies del Sinaí  esperando el regreso de Moisés. Los más de veinte minutos que le quedaban a la primera parte parta expirar, el descanso completo y los siete primeros minutos de la reanudación . Confieso que cuando Imanol Aguiar empujó al fondo de la red en el 52 un balón escupido por la madera luego de un disparo de Carreño, me moría de ganas de gozar del don de la ubicuidad, ese que me permitiera estar al mismo tiempo en el campo de las flores y en la casa de mi amigo Juan: para observar el Arca y su tapa levantada y la energía que de su interior se desprendía para liberar a un pueblo noble y someter a los mezquinos, a los miserables; y qué se sentía en la casa; y a qué olía el hogar: si a pólvora… o a canela, incienso, vainilla y sándalo. Fue desnivelar Aguiar el luminoso, escucharse el sonido mitológico de Cuerno de la Abundancia tocado por Fortuna… y precipitarse los acontecimientos. Diez minutos de locura, en los que el Portu saltó del 2 Al 5 como en un juego de parchís. La vida parecía eterna en tan corto espacio de tiempo, y, al mismo tiempo, me pareció que todo lo hermoso que yo he vivido en este mundo pasaba como una película delante de mis ojos a la manera que lo hace con los que avanzan hacia la luz tan deseada que se encuentra al final del túnel. Mientras yo me acordaba del Arca de la alianza, a cada gol, y cada cual más bello, mi mente se llenaba de metáforas y mi corazón era una alegoría. En el partido de ida, allí donde antaño, en Otxaran, aullaban los lobos, el Zalla, como bien recuerda nuestro mister, Javi Luaces, “ya usó las armas que el árbitro permitió, muy por encima del reglamento”. Viendo Fernando Pérez lo que se le venía encima –un huracán de oro y hulla- podría haber recurrido a la odiosa violencia que inoculó en la sangre de sus jugadores en el partido de ida  a fin de someter a un equipo, como el portugalujo, obligado a ser noble por mandato de su apellido, para salvar su cabeza que, ya mansa, se ofrecía a loa guillotina de la junta directiva. Pero no. Si en su feudo ejerció de chulo de barrio, de macarra de un garito azuzando a sus esbirros en pos de la caza de todo lo amarillo y negro que se moviera, en La Florida, para evitar el escarnio podría haber recurrido a las malas artes, pero, cobarde, se contuvo: y humilló entonces su testa para el remate del verduguillo. Cuando en el 56, Carreño adornó el tercero con una preciosa vaselina, podría Javi Luaces haberse girado a la derecha y  volcar la mirada en su colega Fernando, que oficiaba desde el exilio de la grada. Y decirle con los ojos: “Esta es la venganza servida en plato frío; o Donde las dan las toman…Pero no habría sido justo añadir: “el que a hierro mata a hierro está muriendo”, porque el Portu, para saldar deudas, estaba recurriendo al amor y no al odio. Y mira si estaba en condiciones de sacar pecho y hacer burla para humillar al zafio, al ruin, al cobarde, para vengarse luego de haber esperado, con la paciencia de Job, el paso de un trozo de otoño y todo un invierno. Nuestro coach, al igual que yo pienso, no está de acuerdo con el ojo por ojo y el diente por diente, ya que, como sostenía Ghandi, la tierra devendría en una humanidad de seres ciegos y desdentados. Mejor el verdadero amor, ese que nos hace libres y que por uno mismo empieza. Si allí pusimos la otra mejilla a cada bofetón recibido, en nuestra casa no cabe sino el amor. Y como el bien entendido empieza por uno mismo, el Portu empezó quererse con locura. Estaba tan excitado, tan elevada su lívido, que evitó el cortejo y la seducción que preceden a la consumación y se lanzó directamente a la penetración a sabiendas de que la portería de las viejas casetas, por influjo del Arca de la alianza, se hallaba convenientemente lubricada: para el cuero contra la red, para que el balón besara con ansia y ardor la lencería de las mallas. Obras son amores, en fin, y no  buenas razones. Por fin el trigo: gruesas espigas amarillas manchadas con el negro de la tierra y no la predicación. Nos amó tanto que nos amó hasta el extremo del 88 y hasta el límite de la enormidad, allá donde la belleza del gol resulta ya insuperable…

No estaba siendo, aunque parezca paradoja, un buen partido, pero sí un extraordinario encuentro con los goles más sublimes precedidos de las jugadas más hermosas. Era tan grandioso lo que se veía, que tanto valían los ojos como el corazón para sentir; y el alma, que por fin se libera para volver nuestros cuerpos livianos. En el 59, Aguiar probó suerte de volea y tuvo premio. Y tan sólo tres minutos después, , en el 65, sino la más espectacular, sí la más hermosa de las seis maravillas. Al borde del área, de espaldas a la portería, un compañero, sintiendo su pecho ya muy cargado de emociones, partió la carga con Etxabe, que, utilizando el interior de su pie derecho, con una leve ayuda del empeine, puso la pelota en el lugar con el que en las noches previas al partido sueñan los futbolistas: la escuadra total es un espacio vacío al que nunca termina de llegar el portero. Ver para creer. Un equipo timorato, torpe a la hora de declararse en pos de una conquista,  evitando piropos, arrumacos y caricias, se adentra en la cálida caverna del cuerpo de esa mujer llamada portería. El cuero contra la red; el balón besando hasta contar cinco las mallas. Obras. Amores. AMOR, con mayúsculas. En fin, amor con el cuerpo, amor sin palabrería, sin engaños, ni promesas de una vida feliz. A saco. Penetración, orgasmo y eyaculación. Puro placer sin tener que pagar el precio del, a veces, absurdo protocolo donde reina la frase hecha y generalmente hueca. Cuatro orgasmos seguidos en el plazo de diez minutos. Por eso el equipo, extenuado, se da la media vuelta en su lecho de hierba. Pero ni se fuma un cigarro, como el tal Fernando Pérez para aplacar su estrés, ni se entrega al silencio del que, habiendo utilizado a su pareja para el disfrute de la carne, nada le tiene que decir,. Lo del Portu es el descanso del guerrero. 26 minutos de tranquilidad antes de la última acometida. Desmelenado, creyéndosele sin fuerzas, Elustondo, que había saltado al campo en sustitución de Aguiar para poder gozar, así, de minutos; venido de Azpeitia con la sana intención de envejecer y apolillarse en nuestra villa a base de refrescar el garganchón bebiendo agua de La Canilla, marcó el que era, había sido y, muy probablemente, será el gol más hermoso de su vida. Perpendicular al centro de la portería del pobre David, y alejado de la media luna del área grande con cierta consideración, cazó al vuelo un balón que  volaba bajo. Fue la suya una acción visceral, sin que mediara la voluntad o el entendimiento. Me pareció verle cerrar los ojos cuando, con el empeine interior de su  pie izquierdo, envolvió la pelota en su bota al modo que lo hacen los que se sirven de la cesta en frontón. Y ya hecha suya, sirviéndose más del deseo que de la fuerza, buscó el cuero contra la piedra y se encontró, para su regocijo, con la pelota contra la red. La última erección. La última penetración. El último orgasmo. La última eyaculación. El último gol. El sexto de la mañana que superó la línea entrando por la misma escuadra de la que se había servido Etxabe para consumar la quinta maravilla. Goles. Amores. AMOR, con mayúsculas, era lo que necesitaba regalarnos el equipo luego de habernos dado tantas calabazas. Amor, sí: eso que llaman amor para vivir…

En la noche del domingo, después del duro golpe de San Mamés, no sé si por él, o porque poco dura la alegría en la casa de este pobre corazón que os escribe, me acosté presa de una infinita tristeza. Y prisionero de ésta me desperté. No era el fútbol lo que me dañaba. En esta senda del tiempo que es la vida, como canta Celtas Cortos, “ a veces llega un momento/ en que te haces viejo de repente/ sin arrugas en la frente/ pero con ganas de morir/…Creo que me falta algo: no sé si será el amor… Ese otro amor que me envía y de mí recibe un corazón femenino que, a día de hoy, y luego de una fallida aventura de de diez años, no existe. Poco antes del mediodía del 21 de marzo, mientras nacía la primavera, me vestí de montañero para, superando el Ganerantz y el Gazteran, hollar el Pico de la Cruz. Ya en su cima, compartiendo cumbre con un extraño, dirigí la mirada hacia el valle. Y en el valle encontré el pueblo. Y luego el barrio. Y la casa donde, varado de mala manera en circense equilibrio, reposaba el Arca esa de la alianza que la diosa Fortuna estableció con mi pueblo…pero con fecha de caducidad. Por eso fue que perdió el Athletic, y que Txutxi Aranguren pereció devorado por el Minotauro en el Laberinto que es el hospital de Cruces, haciendo bueno el refrán que dice que los días de mucho serán siempre las vísperas de la nada en la que se ha convertido el cuerpo del jugador del Athletic, del presidente honorario de nuestro Centenario, de un ilustre jarrillero, al que la vida le dio para que, una hora antes del partido contra el Zalla, él y yo nos regaláramos el último saludo, las últimas palabras. Pensé en el Arca. En lo mucho que me había dado. Mas habiéndose el tiempo cumplido en la cima rocosa del Pico de la Cruz, se impuso con suficiencia la triste realidad de mi camino. Sin fuerzas; sin ánimo; sin amor; y ahogado en una infinita tristeza, encontré el porqué de este vagar mío de monte en monte (hoy, miércoles, 23 de marzo, Marqueta y yo nos hemos recreado ascendiendo hasta el Toloño desde Labastida) y sin aparente sentido. Y es que mi crónica, esta que ya concluye, no es sino….UN CIERVO QUE BUSCA EN EL MONTE AMPARO.

 

 

21:40 del miércoles 23 de marzo de 2011. Casa de los Sueños, Grumete Diego, La Florida. Portugalete.

 

Firmado: “Luis”. Jugador, siempre, del Club Portugalete.


Opinión. GERNIKA 1- 1 PORTUGALETE. Habrá un día en el que todos…..

Fecha: 17/03/11


¿Cuándo y dónde se vio felicitación antes del cumpleaños?…¿Cuándo y dónde se vio criatura antes del parto?…¿Cuándo y dónde perdón antes del arrepentimiento? ¿Cuándo oro, incienso y mirra antes de la visita mágica y real? ¿Cuándo medalla antes del record? ¿Cuándo enamorado sin previa flecha del ciego Cupido? ¿Cuándo lluvia sin nubes? ¿Cuándo beso traicionero y prendimiento sin el vino compartido y el pan quebrado en un cenáculo? ¿Cuándo texto antes del prólogo? ¿Cuándo las gracias antes del favor? ¿Cuándo el efecto sin causa? ¿Cuándo la hostia sagrada al principio de la misa? ¿Cuándo la fiesta precediendo al pregón? ¿Cuándo la causa después del efecto? ¿Cuándo la sopa de ajo y luego la Diana? ¿Cuándo la piña de abrazos sin marcar un gol? ¿Cuándo la muerte sin haber nacido? ¿Cuándo, en fin, un banquete por todo lo alto sin saber la suerte del partido?…

¿Cuándo?…El domingo, 14 de marzo; a eso de las dos de la tarde. ¿Dónde?…A ocho kilómetros de Gernika, estrecha carretera, picando hacia arriba. En Nabarniz, barrio, pedanía, pueblo, de esos que, por sus dichos y sus hechos, merece el edificio de un ayuntamiento…Pueblo, pedanía, barrio…Son preguntas que la gente, algo más de media entrada en el autobús, se hace mientras el vehículo patrocinado por Joxi y gestionado por Kinti, serpentea como si fuera una más de las víctimas humanas luego de que Eva a Adán le diera, en la madrugada de los tiempos, a probar aquella famosa y, visto lo visto, maldita manzana del árbol de la ciencia, del bien y del mal también llamado…

Qué se celebra, le pregunté entre semana al hermano de “Negri”…Y no me supo responder. ¿Hábito? ¿Costumbre? ¿La segunda comida en dos años con motivo del desplazamiento del equipo para que la próxima temporada (desgraciadamente, por aquello del ascenso frustrado) podamos, aventando el refranero, afirmar que a la tercera la vencida?…Es la memoria, selectiva, que recuerda lo bueno y olvida lo malo. ¿Qué hicimos en la 2009-2010 en Urbieta contra el “Gerni”? ¿Perder? ¿Empatar? ¿Acaso nos trajimos los tres puntos?…Tendría, lo confieso, que recurrir a la hemeroteca para hacerme sabedor del resultado. Para la celebración profana antes del rito sagrado del fútbol, sin embargo, todo está muy claro en la conciencia de este hombre que una tarde, cuando ya anochecía, me acompañó a la clínica por si la antitetánica tras una brecha en la frente me provocaba mareo o malestar…”El menú es muy bueno”, me dijo por teléfono; y si además, como es el caso, el precio quedó congelado, miel sobre hojuelas, que traducido al lenguaje de los internautas significa que habrá que contar a mano, billete a billete, 24 euros por barba, vello fino las mujeres, luego de una comida que habría saciado al mismísimo Pantagruel. De primero, dos platos, y no para escoger, sino para comer hasta el hartazgo, si uno así lo quiere, decir basta es libre pero a la vez difícil de gritar cuando, sobre la mesa con mantel, femeninas manos depositan una fuente de menestra convenientemente rebozada, una delicia; y, no sé si antes, o después, o al mismo tiempo, un cuenco ancho y profundo donde las rojas alubias rozan el cielo de los creyentes a base de sacramentos. Y de segundo, bacalao al pil-pil de primero; y chuletones de vaca o de buey de segundo. Vaca, Buey, imposible distinguir la procedencia de la carne si este comensal que escribe no la habrá de probar. Un poco de todo, comer con mesura, la virtud, ya se dijo, está en el medio, en ser capaz de llegar a los postres con la clarividencia del que aún conserva el apetito, y, entonces, decir, sin duda alguna: Tarta de arroz…y si, para refrescar el garganchón, le añades una bolita de helado, el broche ideal para un banquete que, contradiciendo el orden natural de las cosas, pretende celebrar la resurrección del crucificado y muerto en Las Llanas; la cabeza levantada del denostado en La Florida…

Quizás, vistas así las cosas, tenga su sentido el plato fuerte del mediodía: alubias, esa especie de pan que los jugadores habrán de ganarse con el sudor de sus frentes; sacramentos, bautizar de nuevo a un equipo dejado de la mano de dios; confirmar su fe; religarle en matrimonio con la afición…De la extrema-unción mejor no hablamos, ¿verdad? Nunca jamás he llegado a decir, a pesar de los pesares, que este equipo estuviera muerto. Con motivo de los setenta y cinco años de vida, un artículo mío, que acabó ahogado en el lodo de la publicidad, era la aportación de un futbolista en el dique seco a causa de unos ligamentos medio rotos a un reportaje que, firmado por Julio Flor, así rezaba: “PORTUGALETE: DEMASIADA HISTORIA PARA RENDIRSE”…

Más de un cuarto de siglo ha pasado, y, luego de cuatro temporadas ilusionantes, nos ha llegado el amargo momento de lo ilusorio, de la desilusión, de la desesperanza, del duro revés que supone vestirse de harapos luego de lucir por esos campos de dios un vestido principesco…

Bebiendo el aficionado presuroso su café, qué nos queda…¿A qué asirnos en verdad cuando ni la lágrima es ya la húmeda ilusión para la sequía del descontento? Seguir, no queda otra. Caminar. Avanzar lentamente, pero con orgullo, hasta rebasar la raya del terrible Maratón en que el destino, torpemente manipulado por la soberbia humana, ha convertido esta liga en la que tan felices nos las prometíamos luego del colosal espectáculo a cielo abierto que nos regalamos con la excusa de que el Getafe de Michel pasaba por La Florida…Dos noches de mucho…vísperas de la más absoluta de las nadas, quién habría imaginado un guión tan cruel para una liga que allá por Octubre era motivo de envidia para todo el fútbol vizcaíno. En boca de todos estuvimos. Me habría hecho feliz que la hazaña del Portu hubiera estado también en esa puerta entreabierta de la boca que son los labios de Murua, pero Xabi, extenuado, no soportó el tirón brutal de la cuerda que su enemigo (suyo y de todos) le pegó poco antes del mediodía luego de soñar que en el Coliseo, honor y gloria para los jarrilleros: ¡Hurra!, gritó en silencio en su habitación, como si quisiera decir “Venceremos”. Qué pena me dio su fuga a los Campos Eliseos…Qué pena me doy a mí mismo…Qué pena nos damos todos…Ya lo cantó un día Gorka Knorr: “Zergatik hasi egunen batean bukatu behar zuena; Zergatik maita egunen batean agortu behar zuena; zergatik bizi egunen batean hil behar zuena…

Por qué engendrar; por qué nacer; por qué vivir si, más tarde, más temprano, no seremos ni siquiera recuerdo en la memoria de los que un día dijeron que nos amaron…

Toca vivir, sin embargo. No hay otra…O sí: ese dulce suicidio llamado Eutanasia…Pero es que hasta para quitarnos la vida pecamos de pereza; dejamos que el trabajo sucio lo hagan otros. Desidia es lo nuestro, al borde del mar: que mate la ola, pues, al que fue a percebes; que choquen dos coches; que se precipite el montañero por el cortado de la sierra Salbada; que se haga un hueco el cáncer en el hígado; que se pare, sin más, el corazón. Que se paren todos los corazones de repente. Póngase fin a la vida humana en este mundo. Para qué empezar lo que un día, escrito está, tiene que acabar: Para que amar si el paso del tiempo habrá de agotar al amante y al amado. Para qué vivir si nacer conlleva la muerte…

Jugar al fútbol: ese es el sentido de la vida. Practicar, hasta el último suspiro, este juego curativo que nació con premio para el practicante: ser del Portu: ora niño que adora a sus ídolos; ora muchacho que, vestido de oro y hulla, recorre el verde sigiloso del rectángulo de La Florida; ora hombre que por sus hechos fue alabado tanto y por sus escritos es festejado tanto…Orad por él, que vive en la más triste de las soledades; suplicad al cielo para que, como maná, del firmamento le llueva el cuerpo ligero y la sonrisa sincera de esa mujer que tanto añora y se le oculta…Y mientras tanto, hasta ese día feliz que no termina de llegar, que el Portu no le falte; ni le falle. Que no le traicione ya más en los años que le queden por vivir…

Gernika-Portugalete: un oasis en medio del secarral de una liga lamentable. Se anticipa el banquete porque se tiene la certeza de que el cadáver resucitará; de que el moribundo retomará el color de los que la vida les sale por los poros; porque el enfermo recobrará el pulso de los recuperados; porque el que renquea se volverá vigoroso; porque el fuerte se medirá sin complejos con su enemigo, rival, contrincante…

En Urbieta, sobre un suelo de artificio, más que los puntos, para nosotros está en juego el honor, el buen nombre, la gloria, que acabe el partido y, orgullosos, más allá del resultado, podamos gritar animosos: ¡Hurra por los jarrilleros!

Cuándo y dónde se preguntaba al principio buscando tiempo y lugar para un banquete. Y se dijo a las dos de la tarde del domingo 13 de marzo, y se apuntó que en Nabarniz, a ocho kilómetros de Gernika. Dígase ahora que pueblo tan solitario se halla a las faldas del Illuntzar, monte ya hollado por los pies del cuerpo de este hombre que, golpeando las teclas de un ordenador que en su día le fuera regalado, escribe y escribe, terrible condena, tirar una bola de palabras por una pendiente…y correr en descenso en su busca para subirla hasta la cima y desde ella dejarla caer…Dios, qué condena. Por qué bajar y subir, subir y bajar si yo no me llamo Sísifo y mi vida jamás será narrada como un acontecimiento mitológico…

Por cuestión de gravedad, el retorno a la villa nos lleva menos tiempo que la ida: la pendiente atrae; la cima, burlona, nos esquiva. Había, por mi parte, lo confieso, cierta prisa por el retorno, eso que llaman impaciencia. Y es que cuando la hora del partido del Portu se aproxima en las agujas de ese reloj que yo no porto más que nada por el lastre que supone soy presa de esa excitante curiosidad que enciende el deseo. Deseo. ¡Deseo tantas cosas…! Pero como lo que en mi vida, de un tiempo a esta parte, hay son habas contadas, acerquémonos a Urbieta que, después de un buen bacalao al pil-pil, no vendría nada mal, a mi bolsa, al menos, una ristra de pimientos, verdes, que dan fama a la villa foral…¿o será el nombre de Gernika el que carda la lana de la fama de los pimientos?…

El campo, como me las prometía, es de artificio, hablo del verde, que semeja hierba y yerba no es: son briznas de plástico pintarrajeadas donde el balón no encuentra acomodo, sino rechazo: hoy toca pelear lindando las alturas. Juego aéreo que no pillará por sorpresa a Javi Luaces, profeta que fue en esta tierra, casi adivino, como Nostradamus, señaló con su dedo índice la Segunda División y a punto estuvo de alcanzar esa luna añorada que, como poetiza Silvio, es misterio que engorda como adelgaza. Para asaltar la villa rival, viene con el equipo en cuadro. Claro que, visto el panorama de la liga, a lo mejor tanta baja acumulada se convierte en estímulo para una revolución. Hasta la victoria siempre, Comandante, y es como si se lo dijera al líder que, me susurran al oído, tiene los días contados. O las semanas, que son jornadas: once que serán diez al final de la partida. Más vale sacarle provecho al terreno que nos queda que lamentar tanto intento fallido. Y el terreno es éste, Urbieta, en el que la antigua Santa Lucía le agudiza la vista al mister de Busturia a fin de ubicar a Iturriaga como defensa central en ausencia de Pinilla y darle la titularidad a Jon Fornier en el lateral izquierdo como aquel que se lo juega todo a una carta de la baraja. Otiñano, ausente; Vidal, en la tribuna junto a Javi González; Mikel Moreno en el banquillo. Alberto, una vez más, es pulmón y corazón en el centro del campo. A su lado, más como ancla que como remo o motor, Gorka, que a mis ojos aparece cansado, son ya muchos años bregando, esclavo de un apellido que le exige trotar y trotar: “Voy camino Soria…” Allí se encuentra en la gloria, pero en Gernika, no, nunca segundas partes serán buenas para él que habrá de asistir a la segunda mitad desde la grada…

 

El primer acto resultó igualado, aunque, por aquello de que el ruido siempre se hace notar más que el discreto silencio de un juego aseado, pasará a la historia en crónica concisa que los locales estrellaron un balón en el poste; y que, cosa lógica, echaban el balón al piso con más premura que su oponente, y allí, raseándolo, percutían por las bandas, sobre todo la derecha, insistencia que habría de costarle el puesto al zurdo Fornier, que estrenaba titularidad. Sin él, con el bullicioso Elustondo en su lugar, nos quedará siempre la duda de si el Portu, poco a poco, se fue haciendo con las riendas del partido por los cambios (Moreno sustituyó a Soria) o porque el poder de su toque combinativo le iba haciendo gigante. Mas como obras son amores y no buenas razones, he aquí como Juanjo Clausí entra en escena sin saber muy bien el por qué de su protagonismo. El chico, que ha no mucho se quedó sin hijos ni compañera luego de que, arguyendo falta de adaptación a la tierra de los vascos, le abandonaran buscando el calor del centro de la península, sintiéndose, cómo no podría ser de otra manera, perdido y solo, tuvo, en primera instancia, la idea de tirarse al río. Sin embargo, al caer de inmediato en la cuenta de que, siendo invierno, las aguas bajan heladas, tiró por la calle del medio, se echó al hombro su manta, se tiró al monte, huyó, en fin, hacia delante y dijo en alta y clara voz: Salga el sol por donde quiera que yo no me muevo de Portugalete…Quizás, para enraizar tan pronto y profundo en nuestra villa, hayan tenido que ver mucho los versos del cancionero portugalujo…

El que bebe agua de la Canilla

Se remoja el garganchón

Y en Portugalete se apolilla

Sin razón, sin razón, sin razón…

No sé sin porque alguno de los amigos que se ha echado en la villa le han contado cosas de Gernika o por todo lo contrario: porque no sabía ni ubicarla en el mapa Bizkaia, pero el caso, sea lo uno, sea lo otro, es que el muchacho, que no tiene ya nada más precioso que perder, se apunta a un bombardeo. Como ya es sabido por la lectora que no uso reloj, hablo de memoria cuando digo que mediada la segunda mitad, y a pesar de los ruegos de sus compañeros pidiéndole que no mentara la soga casa del ahorcado, el chico, que en fútbol ha encontrado la medicina escasa, la más insuficiente para remediar su mente triste y compungida, partiendo de su teórica posición de extremo izquierdo, se desplazó en horizontal con el esférico fúsil pegado a su pierna zurda. Llegado a un punto en el que, muy cerca de la línea del área grande, la pelota y el palo corto se encontraban en una línea recta y vertical, le dio la impresión de oir voces, o tal vez una sola voz fuera la que le cantara: “Rosa, rosae…y también el valor de ti…Y el recuerdo final por los muertos de la última guerra civil”…Era Labordeta, el maño, el aragonés, que ha no mucho nos dejó llevándose a no sé donde todo su mundo en una mochila. Debió de callar el hombre en su cantar para que ejecutara el muchacho: con la derecha, sirviéndose del empeine interior, soltó un disparo que, aún no pareciéndome mortal de necesidad, sorprendió al arquero del Gernika. No me dio la impresión de que entrara el esférico por la escuadra, pero el chut fue de esos sobre los que se dice que el portero nada pudo hacer. Luego del beso en las mallas, los abrazos: corrió hacia la banda transportando en su cara una sonrisa para fundir su menudo cuerpo con ese otro más vigoroso, en apariencia, de Vaquero, delegado sin vacas, ni caballo, ni fúsil; y con su entrenador se entregó, también, a las carantoñas. Era tal el júbilo, que, ahora, jueves 17 de marzo, 07:56 horas, me pregunto si para tanta felicidad no sería doble la causa. La primera, con la fusta de su pie derecho, haber desbaratado el cambalache de cambistas y mercaderes que profanaron en templo jarrillero en la alameda de Las Llanas. La segunda, con su granada, con su bomba, con su misil, con su disparo, en fin, haber vengado a la manera de los deportistas aquel ataque vil de las hordas fascistas sobre la tierra que pisaba; haber apagado, de alguna manera, el odio que en la primavera del 37 desde el cielo cayó destruyendo casi todo lo viejo de la villa foral de Gernika. Cuyo Casa de Juntas, junto a mi presidente, recorrí en la previa: el árbol viejo, el árbol joven; lo muerto y fosilizado…y la sabia nueva que a no mucho tardar dará tantos y buenos frutos como auguraba el bardo Iparragirre…

En día tan señalado, con uno, el de Clausí, debería haber bastado; con su zapatito, haber vuelto el hijo pródigo a la casa del padre luego de la caída del templo y el regreso al hogar tras tanta bellota compartida con los cerdos. Pero no. Era en Gernika, no lo olvidemos, y los hijos de los mártires aún tenían algo que decir…Estaba a punto el “referee” de soplar por el boquete de su silbato al modo que tienen los árbitros de decir a la concurrencia “Todo se ha consumado”, cuando la pelota, colocada en el cuarto de circunferencia de la esquina que quedaba más alejada de mis ojos cuando miraba a la izquierda, cual bola inteligente que despega, o loco meteorito que, desde el caos de su locura no procura sino daño, cuando el balón, decía, despegó trazando una muy leve diagonal que no consiguió alejarse apenas del área pequeña una vez entrada en ella. No volaba muy alto el cuero; yo diría que no más que la testa más baja de todos aquellos futbolistas que se afanaban, cada uno en lo suyo: yo remato, si me dejas; yo despejo, si es que tu antes no te me anticipas. Y de entre todo lo posible, lo peor. El miedo que yo sentía ante la que habría de ser la última acción del partido tenía mucho fundamento. Murphy vino al rescate del necesitado y a nosotros nos hundió: “Si en la última jugada de estrategia el rival te puede matar, lo hará” Y lo hizo. No sé ni quién ni por qué pudo rematar tan solo aquello que era no más que un pequeño árbol en un bosque frondoso. Joven, bajo, frágil…pero de roble la testa del rematador que contactó con el cuero para alojarlo en las mallas. ¿Alojarlo he dicho como si quisiera repetir lo ya tan manido del beso en la red? De eso nada. Violento fue el cabezazo, como si ellos también pidieran justicia para sus mayores muertos. En vez de este artículo, podría haber presentado una denuncia en toda regla argumentando malos tratos a la piel de cuero y evidente violación. Pero no lo haré, convencido, como estoy, de que las metáforas están condenadas a caer en el fondo de un saco mustio y roto. Mejor si dejamos las cosas como están. Dolió, un poso de amargura e impotencia me dejó ese gol cuando ya ni tiempo había porque el árbitro se había empezado a aflojar la correa que en su muñeca sostenía el cronómetro, de Cronos, dios del tiempo; de metro, medir. Si como yo hago, el trencilla no se hubiera servido de reloj, si no de su sentido del tiempo, a estas horas estaría hablando de victoria nuestra y no de empate. Aunque, tomando en cuenta el cuándo, domingo, día del sol, y el dónde, villa foral de Gernika por Franco martirizada, quizás la igualada sea lo más justo y humano. Iguálense las tropas. Banderas blancas al viento. Hágase la paz. Y la paz, aunque necesitada de días, se ha hecho en mi corazón…

 

Jueves. 17 de marzo de 2011. 08: 34. Hoy me he levantado a las siete cuarto de la mañana. Ese reloj biológico que todos llevamos dentro sin meter ruido ha sonado y me he despertado. Ayer, que no deja de ser hoy porque me acosté más allá de la media noche, dejé para hoy lo que no me apetecía hacer entonces. Y, aunque conclusa loa crónica, otra más, me sigue sin apetecer. Más que placer, es para mí un castigo la escritura. Si Milan Kundera, en uno de sus ensayos novelísticos, sostenía que orinar en la naturaleza era como prometerle a la tierra que un día regresaríamos a ella por entero, escribir un artículo tras cada partido del Portugalete es, aunque terrible me resulte decirlo, prometerle a la muerte que un día le entregaremos nuestra vida por entero y sin contraprestaciones….

Sin embargo, mientras mis ojos se sigan abriendo cada mañana, siempre que haya un despertar, me aferraré a ese clavo ardiendo de la promesa de un presidente. Ese que, paseando por la villa foral de Gernika, en los prolegómenos del banquete que, dislocando el tiempo, precedió al rito del partido del domingo, Ese decía, o sea Amable, que me dijo que le habían dicho, prometido, asegurado, que, entre el Instituto más alto y el caserón de los Gorbea, en esa estrecha línea que separa mi Florida natal de su Vicíos mil veces nominado, se alzaría el nuevo templo una vez extinto el viejo y municipal. La Florida. Ojala que la vida, cuando el coqueto estadio esté erigido, nos pille trajinando sobre la tierra y no soterrados; mentes sanas en cuerpos sanos…y no, sobre la tierra, cuerpos tendidos al sol como sábanas blancas después del amor. Si muertos, hacia abajo miraremos; si vivos, acomodados en el recinto de cuyo nombre no puedo acordarme porque aún no ha llegado el día feliz,…AL LEVANTAR LA VISTA, VEREMOS UN LETRERO MUY LUMINOSO EN EL QUE PONGA SEGUNDA DIVISIÓN. Si será la A o la B la letra del apellido, la categoría ya conocida o la ignota, es un tema de debate, o quizás simplemente de ilusión. Un día, si queréis, reabierto el Metro de Justo Martínez y Puri, la vieja tasca de la Rantxe, degustando gazpatxos y pinchos “de todo” en torno a una mesa de madera restregada por las rudas cerdas de un cepillo, hablamos de ello: de si queremos seguir viajando entre la tormenta después de la explosión de dios…o ser estrella perenne brillando en el firmamento.

09: 03 de la mañana del jueves 17 de marzo de 2011. Casa de los Sueños. Grumete Diego, La Florida…

 

Firmado: Luis María Pérez García, “Luis”, futbolista, ayer, hoy y siempre, del Club Portugalete.

¿Cuándo y dónde se vio felicitación antes del cumpleaños?…¿Cuándo y dónde se vio criatura antes del parto?…¿Cuándo y dónde perdón antes del arrepentimiento? ¿Cuándo oro, incienso y mirra antes de la visita mágica y real? ¿Cuándo medalla antes del record? ¿Cuándo enamorado sin previa flecha del ciego Cupido? ¿Cuándo lluvia sin nubes? ¿Cuándo beso traicionero y prendimiento sin el vino compartido y el pan quebrado en un cenáculo? ¿Cuándo texto antes del prólogo? ¿Cuándo las gracias antes del favor? ¿Cuándo el efecto sin causa? ¿Cuándo la hostia sagrada al principio de la misa? ¿Cuándo la fiesta precediendo al pregón? ¿Cuándo la causa después del efecto? ¿Cuándo la sopa de ajo y luego la Diana? ¿Cuándo la piña de abrazos sin marcar un gol? ¿Cuándo la muerte sin haber nacido? ¿Cuándo, en fin, un banquete por todo lo alto sin saber la suerte del partido?…

 

¿Cuándo?…El domingo, 14 de marzo; a eso de las dos de la tarde. ¿Dónde?…A ocho kilómetros de Gernika, estrecha carretera, picando hacia arriba. En Nabarniz, barrio, pedanía, pueblo, de esos que, por sus dichos y sus hechos, merece el edificio de un ayuntamiento…Pueblo, pedanía, barrio…Son preguntas que la gente, algo más de media entrada en el autobús, se hace mientras el vehículo patrocinado por Joxi y gestionado por Kinti, serpentea como si fuera una más de las víctimas humanas luego de que Eva a Adán le diera, en la madrugada de los tiempos, a probar aquella famosa y, visto lo visto, maldita manzana del árbol de la ciencia, del bien y del mal también llamado…

 

Qué se celebra, le pregunté entre semana al hermano de “Negri”…Y no me supo responder. ¿Hábito? ¿Costumbre? ¿La segunda comida en dos años con motivo del desplazamiento del equipo para que la próxima temporada (desgraciadamente, por aquello del ascenso frustrado) podamos, aventando el refranero, afirmar que a la tercera la vencida?…Es la memoria, selectiva, que recuerda lo bueno y olvida lo malo. ¿Qué hicimos en la 2009-2010 en Urbieta contra el “Gerni”? ¿Perder? ¿Empatar? ¿Acaso nos trajimos los tres puntos?…Tendría, lo confieso, que recurrir a la hemeroteca para hacerme sabedor del resultado. Para la celebración profana antes del rito sagrado del fútbol, sin embargo, todo está muy claro en la conciencia de este hombre que una tarde, cuando ya anochecía, me acompañó a la clínica por si la antitetánica tras una brecha en la frente me provocaba mareo o malestar…”El menú es muy bueno”, me dijo por teléfono; y si además, como es el caso, el precio quedó congelado, miel sobre hojuelas, que traducido al lenguaje de los internautas significa que habrá que contar a mano, billete a billete, 24 euros por barba, vello fino las mujeres, luego de una comida que habría saciado al mismísimo Pantagruel. De primero, dos platos, y no para escoger, sino para comer hasta el hartazgo, si uno así lo quiere, decir basta es libre pero a la vez difícil de gritar cuando, sobre la mesa con mantel, femeninas manos depositan una fuente de menestra convenientemente rebozada, una delicia; y, no sé si antes, o después, o al mismo tiempo, un cuenco ancho y profundo donde las rojas alubias rozan el cielo de los creyentes a base de sacramentos. Y de segundo, bacalao al pil-pil de primero; y chuletones de vaca o de buey de segundo. Vaca, Buey, imposible distinguir la procedencia de la carne si este comensal que escribe no la habrá de probar. Un poco de todo, comer con mesura, la virtud, ya se dijo, está en el medio, en ser capaz de llegar a los postres con la clarividencia del que aún conserva el apetito, y, entonces, decir, sin duda alguna: Tarta de arroz…y si, para refrescar el garganchón, le añades una bolita de helado, el broche ideal para un banquete que, contradiciendo el orden natural de las cosas, pretende celebrar la resurrección del crucificado y muerto en Las Llanas; la cabeza levantada del denostado en La Florida…

 

Quizás, vistas así las cosas, tenga su sentido el plato fuerte del mediodía: alubias, esa especie de pan que los jugadores habrán de ganarse con el sudor de sus frentes; sacramentos, bautizar de nuevo a un equipo dejado de la mano de dios; confirmar su fe; religarle en matrimonio con la afición…De la extrema-unción mejor no hablamos, ¿verdad? Nunca jamás he llegado a decir, a pesar de los pesares, que este equipo estuviera muerto. Con motivo de los setenta y cinco años de vida, un artículo mío, que acabó ahogado en el lodo de la publicidad, era la aportación de un futbolista en el dique seco a causa de unos ligamentos medio rotos a un reportaje que, firmado por Julio Flor, así rezaba: “PORTUGALETE: DEMASIADA HISTORIA PARA RENDIRSE”…

Más de un cuarto de siglo ha pasado, y, luego de cuatro temporadas ilusionantes, nos ha llegado el amargo momento de lo ilusorio, de la desilusión, de la desesperanza, del duro revés que supone vestirse de harapos luego de lucir por esos campos de dios un vestido principesco…

 

Bebiendo el aficionado presuroso su café, qué nos queda…¿A qué asirnos en verdad cuando ni la lágrima es ya la húmeda ilusión para la sequía del descontento? Seguir, no queda otra. Caminar. Avanzar lentamente, pero con orgullo, hasta rebasar la raya del terrible Maratón en que el destino, torpemente manipulado por la soberbia humana, ha convertido esta liga en la que tan felices nos las prometíamos luego del colosal espectáculo a cielo abierto que nos regalamos con la excusa de que el Getafe de Michel pasaba por La Florida…Dos noches de mucho…vísperas de la más absoluta de las nadas, quién habría imaginado un guión tan cruel para una liga que allá por Octubre era motivo de envidia para todo el fútbol vizcaíno. En boca de todos estuvimos. Me habría hecho feliz que la hazaña del Portu hubiera estado también en esa puerta entreabierta de la boca que son los labios de Murua, pero Xabi, extenuado, no soportó el tirón brutal de la cuerda que su enemigo (suyo y de todos) le pegó poco antes del mediodía luego de soñar que en el Coliseo, honor y gloria para los jarrilleros: ¡Hurra!, gritó en silencio en su habitación, como si quisiera decir “Venceremos”. Qué pena me dio su fuga a los Campos Eliseos…Qué pena me doy a mí mismo…Qué pena nos damos todos…Ya lo cantó un día Gorka Knorr: “Zergatik hasi egunen batean bukatu behar zuena; Zergatik maita egunen batean agortu behar zuena; zergatik bizi egunen batean hil behar zuena…

Por qué engendrar; por qué nacer; por qué vivir si, más tarde, más temprano, no seremos ni siquiera recuerdo en la memoria de los que un día dijeron que nos amaron…

Toca vivir, sin embargo. No hay otra…O sí: ese dulce suicidio llamado Eutanasia…Pero es que hasta para quitarnos la vida pecamos de pereza; dejamos que el trabajo sucio lo hagan otros. Desidia es lo nuestro, al borde del mar: que mate la ola, pues, al que fue a percebes; que choquen dos coches; que se precipite el montañero por el cortado de la sierra Salbada; que se haga un hueco el cáncer en el hígado; que se pare, sin más, el corazón. Que se paren todos los corazones de repente. Póngase fin a la vida humana en este mundo. Para qué empezar lo que un día, escrito está, tiene que acabar: Para que amar si el paso del tiempo habrá de agotar al amante y al amado. Para qué vivir si nacer conlleva la muerte…

Jugar al fútbol: ese es el sentido de la vida. Practicar, hasta el último suspiro, este juego curativo que nació con premio para el practicante: ser del Portu: ora niño que adora a sus ídolos; ora muchacho que, vestido de oro y hulla, recorre el verde sigiloso del rectángulo de La Florida; ora hombre que por sus hechos fue alabado tanto y por sus escritos es festejado tanto…Orad por él, que vive en la más triste de las soledades; suplicad al cielo para que, como maná, del firmamento le llueva el cuerpo ligero y la sonrisa sincera de esa mujer que tanto añora y se le oculta…Y mientras tanto, hasta ese día feliz que no termina de llegar, que el Portu no le falte; ni le falle. Que no le traicione ya más en los años que le queden por vivir…

 

Gernika-Portugalete: un oasis en medio del secarral de una liga lamentable. Se anticipa el banquete porque se tiene la certeza de que el cadáver resucitará; de que el moribundo retomará el color de los que la vida les sale por los poros; porque el enfermo recobrará el pulso de los recuperados; porque el que renquea se volverá vigoroso; porque el fuerte se medirá sin complejos con su enemigo, rival, contrincante…

 

En Urbieta, sobre un suelo de artificio, más que los puntos, para nosotros está en juego el honor, el buen nombre, la gloria, que acabe el partido y, orgullosos, más allá del resultado, podamos gritar animosos: ¡Hurra por los jarrilleros!

Cuándo y dónde se preguntaba al principio buscando tiempo y lugar para un banquete. Y se dijo a las dos de la tarde del domingo 13 de marzo, y se apuntó que en Nabarniz, a ocho kilómetros de Gernika. Dígase ahora que pueblo tan solitario se halla a las faldas del Illuntzar, monte ya hollado por los pies del cuerpo de este hombre que, golpeando las teclas de un ordenador que en su día le fuera regalado, escribe y escribe, terrible condena, tirar una bola de palabras por una pendiente…y correr en descenso en su busca para subirla hasta la cima y desde ella dejarla caer…Dios, qué condena. Por qué bajar y subir, subir y bajar si yo no me llamo Sísifo y mi vida jamás será narrada como un acontecimiento mitológico…

 

Por cuestión de gravedad, el retorno a la villa nos lleva menos tiempo que la ida: la pendiente atrae; la cima, burlona, nos esquiva. Había, por mi parte, lo confieso, cierta prisa por el retorno, eso que llaman impaciencia. Y es que cuando la hora del partido del Portu se aproxima en las agujas de ese reloj que yo no porto más que nada por el lastre que supone soy presa de esa excitante curiosidad que enciende el deseo. Deseo. ¡Deseo tantas cosas…! Pero como lo que en mi vida, de un tiempo a esta parte, hay son habas contadas, acerquémonos a Urbieta que, después de un buen bacalao al pil-pil, no vendría nada mal, a mi bolsa, al menos, una ristra de pimientos, verdes, que dan fama a la villa foral…¿o será el nombre de Gernika el que carda la lana de la fama de los pimientos?…

 

El campo, como me las prometía, es de artificio, hablo del verde, que semeja hierba y yerba no es: son briznas de plástico pintarrajeadas donde el balón no encuentra acomodo, sino rechazo: hoy toca pelear lindando las alturas. Juego aéreo que no pillará por sorpresa a Javi Luaces, profeta que fue en esta tierra, casi adivino, como Nostradamus, señaló con su dedo índice la Segunda División y a punto estuvo de alcanzar esa luna añorada que, como poetiza Silvio, es misterio que engorda como adelgaza. Para asaltar la villa rival, viene con el equipo en cuadro. Claro que, visto el panorama de la liga, a lo mejor tanta baja acumulada se convierte en estímulo para una revolución. Hasta la victoria siempre, Comandante, y es como si se lo dijera al líder que, me susurran al oído, tiene los días contados. O las semanas, que son jornadas: once que serán diez al final de la partida. Más vale sacarle provecho al terreno que nos queda que lamentar tanto intento fallido. Y el terreno es éste, Urbieta, en el que la antigua Santa Lucía le agudiza la vista al mister de Busturia a fin de ubicar a Iturriaga como defensa central en ausencia de Pinilla y darle la titularidad a Jon Fornier en el lateral izquierdo como aquel que se lo juega todo a una carta de la baraja. Otiñano, ausente; Vidal, en la tribuna junto a Javi González; Mikel Moreno en el banquillo. Alberto, una vez más, es pulmón y corazón en el centro del campo. A su lado, más como ancla que como remo o motor, Gorka, que a mis ojos aparece cansado, son ya muchos años bregando, esclavo de un apellido que le exige trotar y trotar: “Voy camino Soria…” Allí se encuentra en la gloria, pero en Gernika, no, nunca segundas partes serán buenas para él que habrá de asistir a la segunda mitad desde la grada…

 

El primer acto resultó igualado, aunque, por aquello de que el ruido siempre se hace notar más que el discreto silencio de un juego aseado, pasará a la historia en crónica concisa que los locales estrellaron un balón en el poste; y que, cosa lógica, echaban el balón al piso con más premura que su oponente, y allí, raseándolo, percutían por las bandas, sobre todo la derecha, insistencia que habría de costarle el puesto al zurdo Fornier, que estrenaba titularidad. Sin él, con el bullicioso Elustondo en su lugar, nos quedará siempre la duda de si el Portu, poco a poco, se fue haciendo con las riendas del partido por los cambios (Moreno sustituyó a Soria) o porque el poder de su toque combinativo le iba haciendo gigante. Mas como obras son amores y no buenas razones, he aquí como Juanjo Clausí entra en escena sin saber muy bien el por qué de su protagonismo. El chico, que ha no mucho se quedó sin hijos ni compañera luego de que, arguyendo falta de adaptación a la tierra de los vascos, le abandonaran buscando el calor del centro de la península, sintiéndose, cómo no podría ser de otra manera, perdido y solo, tuvo, en primera instancia, la idea de tirarse al río. Sin embargo, al caer de inmediato en la cuenta de que, siendo invierno, las aguas bajan heladas, tiró por la calle del medio, se echó al hombro su manta, se tiró al monte, huyó, en fin, hacia delante y dijo en alta y clara voz: Salga el sol por donde quiera que yo no me muevo de Portugalete…Quizás, para enraizar tan pronto y profundo en nuestra villa, hayan tenido que ver mucho los versos del cancionero portugalujo…

 

El que bebe agua de la Canilla

Se remoja el garganchón

Y en Portugalete se apolilla

Sin razón, sin razón, sin razón…

 

No sé sin porque alguno de los amigos que se ha echado en la villa le han contado cosas de Gernika o por todo lo contrario: porque no sabía ni ubicarla en el mapa Bizkaia, pero el caso, sea lo uno, sea lo otro, es que el muchacho, que no tiene ya nada más precioso que perder, se apunta a un bombardeo. Como ya es sabido por la lectora que no uso reloj, hablo de memoria cuando digo que mediada la segunda mitad, y a pesar de los ruegos de sus compañeros pidiéndole que no mentara la soga casa del ahorcado, el chico, que en fútbol ha encontrado la medicina escasa, la más insuficiente para remediar su mente triste y compungida, partiendo de su teórica posición de extremo izquierdo, se desplazó en horizontal con el esférico fúsil pegado a su pierna zurda. Llegado a un punto en el que, muy cerca de la línea del área grande, la pelota y el palo corto se encontraban en una línea recta y vertical, le dio la impresión de oir voces, o tal vez una sola voz fuera la que le cantara: “Rosa, rosae…y también el valor de ti…Y el recuerdo final por los muertos de la última guerra civil”…Era Labordeta, el maño, el aragonés, que ha no mucho nos dejó llevándose a no sé donde todo su mundo en una mochila. Debió de callar el hombre en su cantar para que ejecutara el muchacho: con la derecha, sirviéndose del empeine interior, soltó un disparo que, aún no pareciéndome mortal de necesidad, sorprendió al arquero del Gernika. No me dio la impresión de que entrara el esférico por la escuadra, pero el chut fue de esos sobre los que se dice que el portero nada pudo hacer. Luego del beso en las mallas, los abrazos: corrió hacia la banda transportando en su cara una sonrisa para fundir su menudo cuerpo con ese otro más vigoroso, en apariencia, de Vaquero, delegado sin vacas, ni caballo, ni fúsil; y con su entrenador se entregó, también, a las carantoñas. Era tal el júbilo, que, ahora, jueves 17 de marzo, 07:56 horas, me pregunto si para tanta felicidad no sería doble la causa. La primera, con la fusta de su pie derecho, haber desbaratado el cambalache de cambistas y mercaderes que profanaron en templo jarrillero en la alameda de Las Llanas. La segunda, con su granada, con su bomba, con su misil, con su disparo, en fin, haber vengado a la manera de los deportistas aquel ataque vil de las hordas fascistas sobre la tierra que pisaba; haber apagado, de alguna manera, el odio que en la primavera del 37 desde el cielo cayó destruyendo casi todo lo viejo de la villa foral de Gernika. Cuyo Casa de Juntas, junto a mi presidente, recorrí en la previa: el árbol viejo, el árbol joven; lo muerto y fosilizado…y la sabia nueva que a no mucho tardar dará tantos y buenos frutos como auguraba el bardo Iparragirre…

En día tan señalado, con uno, el de Clausí, debería haber bastado; con su zapatito, haber vuelto el hijo pródigo a la casa del padre luego de la caída del templo y el regreso al hogar tras tanta bellota compartida con los cerdos. Pero no. Era en Gernika, no lo olvidemos, y los hijos de los mártires aún tenían algo que decir…Estaba a punto el “referee” de soplar por el boquete de su silbato al modo que tienen los árbitros de decir a la concurrencia “Todo se ha consumado”, cuando la pelota, colocada en el cuarto de circunferencia de la esquina que quedaba más alejada de mis ojos cuando miraba a la izquierda, cual bola inteligente que despega, o loco meteorito que, desde el caos de su locura no procura sino daño, cuando el balón, decía, despegó trazando una muy leve diagonal que no consiguió alejarse apenas del área pequeña una vez entrada en ella. No volaba muy alto el cuero; yo diría que no más que la testa más baja de todos aquellos futbolistas que se afanaban, cada uno en lo suyo: yo remato, si me dejas; yo despejo, si es que tu antes no te me anticipas. Y de entre todo lo posible, lo peor. El miedo que yo sentía ante la que habría de ser la última acción del partido tenía mucho fundamento. Murphy vino al rescate del necesitado y a nosotros nos hundió: “Si en la última jugada de estrategia el rival te puede matar, lo hará” Y lo hizo. No sé ni quién ni por qué pudo rematar tan solo aquello que era no más que un pequeño árbol en un bosque frondoso. Joven, bajo, frágil…pero de roble la testa del rematador que contactó con el cuero para alojarlo en las mallas. ¿Alojarlo he dicho como si quisiera repetir lo ya tan manido del beso en la red? De eso nada. Violento fue el cabezazo, como si ellos también pidieran justicia para sus mayores muertos. En vez de este artículo, podría haber presentado una denuncia en toda regla argumentando malos tratos a la piel de cuero y evidente violación. Pero no lo haré, convencido, como estoy, de que las metáforas están condenadas a caer en el fondo de un saco mustio y roto. Mejor si dejamos las cosas como están. Dolió, un poso de amargura e impotencia me dejó ese gol cuando ya ni tiempo había porque el árbitro se había empezado a aflojar la correa que en su muñeca sostenía el cronómetro, de Cronos, dios del tiempo; de metro, medir. Si como yo hago, el trencilla no se hubiera servido de reloj, si no de su sentido del tiempo, a estas horas estaría hablando de victoria nuestra y no de empate. Aunque, tomando en cuenta el cuándo, domingo, día del sol, y el dónde, villa foral de Gernika por Franco martirizada, quizás la igualada sea lo más justo y humano. Iguálense las tropas. Banderas blancas al viento. Hágase la paz. Y la paz, aunque necesitada de días, se ha hecho en mi corazón…

 

Jueves. 17 de marzo de 2011. 08: 34. Hoy me he levantado a las siete cuarto de la mañana. Ese reloj biológico que todos llevamos dentro sin meter ruido ha sonado y me he despertado. Ayer, que no deja de ser hoy porque me acosté más allá de la media noche, dejé para hoy lo que no me apetecía hacer entonces. Y, aunque conclusa loa crónica, otra más, me sigue sin apetecer. Más que placer, es para mí un castigo la escritura. Si Milan Kundera, en uno de sus ensayos novelísticos, sostenía que orinar en la naturaleza era como prometerle a la tierra que un día regresaríamos a ella por entero, escribir un artículo tras cada partido del Portugalete es, aunque terrible me resulte decirlo, prometerle a la muerte que un día le entregaremos nuestra vida por entero y sin contraprestaciones….

 

Sin embargo, mientras mis ojos se sigan abriendo cada mañana, siempre que haya un despertar, me aferraré a ese clavo ardiendo de la promesa de un presidente. Ese que, paseando por la villa foral de Gernika, en los prolegómenos del banquete que, dislocando el tiempo, precedió al rito del partido del domingo, Ese decía, o sea Amable, que me dijo que le habían dicho, prometido, asegurado, que, entre el Instituto más alto y el caserón de los Gorbea, en esa estrecha línea que separa mi Florida natal de su Vicíos mil veces nominado, se alzaría el nuevo templo una vez extinto el viejo y municipal. La Florida. Ojala que la vida, cuando el coqueto estadio esté erigido, nos pille trajinando sobre la tierra y no soterrados; mentes sanas en cuerpos sanos…y no, sobre la tierra, cuerpos tendidos al sol como sábanas blancas después del amor. Si muertos, hacia abajo miraremos; si vivos, acomodados en el recinto de cuyo nombre no puedo acordarme porque aún no ha llegado el día feliz,…AL LEVANTAR LA VISTA, VEREMOS UN LETRERO MUY LUMINOSO EN EL QUE PONGA SEGUNDA DIVISIÓN. Si será la A o la B la letra del apellido, la categoría ya conocida o la ignota, es un tema de debate, o quizás simplemente de ilusión. Un día, si queréis, reabierto el Metro de Justo Martínez y Puri, la vieja tasca de la Rantxe, degustando gazpatxos y pinchos “de todo” en torno a una mesa de madera restregada por las rudas cerdas de un cepillo, hablamos de ello: de si queremos seguir viajando entre la tormenta después de la explosión de dios…o ser estrella perenne brillando en el firmamento.

 

 

09: 03 de la mañana del jueves 17 de marzo de 2011. Casa de los Sueños. Grumete Diego, La Florida…

 

Firmado: Luis María Pérez García, “Luis”, futbolista, ayer, hoy y siempre, del Club Portugalete.


Opinión: PORTUGALETETE O – 0 SANTUTXU. ENSAYO SOBRE EL HASTÍO, LA DESILUSIÓN Y LA INDIFERENCIA

Fecha: 09/03/11


Si entre los que asistimos a La Florida a santificar los  domingos y los que, cuando las Circunstancias del Yo lo permiten, viajamos a tierra extraña hubiera algún incauto, como yo, estúpido viejo que se empeña en asar la manteca, imitador de ese tal Abundio que fue a vendimiar y se llevó en el atillo uvas de postre; si hubiera alguien, en fin, tan cándido como ese niño de mantos que regala una sonrisa a una vida que lo acabará matando; si por un casual, en este mundo tan cruel alguien como yo, por cuyas venas corre vertiginosa la sangre negra y amarilla, creyera aún que los Reyes Magos son tres y el tercero es negro, en Las Llanas, gente con mala baba como Aketxe y el popular Basagoiti nos dejaron bien clarito que los reyes son los Padres. Unos padres desarraigados que tuvieron hijos por inercia, no más que por el efecto de la causa de un deseo carnal, o de un calentón. Son reyes, pero hacen dejación de sus deberes. Y en su malvivir nos privan de la ternura y el cariño de los besos, las caricias y los abrazos. Son crueles a veces los padres. A nosotros, por ejemplo, que tan bien nos venimos portando con nuestro equipo desde que hace ciento dos años naciera, tuvieron el perverso  detalle de dejarnos carbón en la casa de los tíos de Sestao.. Duro carbón al que no hay diente que le hinque, ya por su dureza, ya por su extremo amargor…

Deshecha la magia, hecha añicos la metáfora más acertada de la ilusión, qué nos queda en el resto de los días que nos quedan por vivir que no sea deambular como fantasmas –incorpóreos y sin alma; tan sólo sombras- por una tierra hostil. Nómadas que, como este que escribe, se van al monte, a la cumbre del monte, luego de caminar pisando nieve por la Senda Negra que lo deposita a los pies del Tologorri. Y desde el también llamado Iturrigorri, bordear sin trampa alguna la sierra Salbada hasta alcanzar el mirador del monte Urieta: abajo, el valle, precioso, caída a plomo paralela a los farallones que unos ojos recorren hasta reposar en la yerba que no hay sol que la seque porque, sabido es, de lágrimas es el valle…

Aún así, es tal el instinto de supervivencia que el ser humano posee en relación a la esperanza, que el domingo, luego de haber pateado el día anterior la nevada sierra durante doce horas seguidas, con los gemelos a punto de reventar por los cristales de las agujetas, salvé con un cierto dolor la pendiente para intentar renacer en el campo de “las flores”. Es lo que hay. La vida sigue. Y como el refrán no ceja en señalar que a la existencia le es inherente la esperanza, allá vamos todos, fieles, crédulos, o quizás para que el hermano de la Salle no nos ponga falta en la hoja de asistencias a la misa. Y al salir a escena los celebrantes, lo nunca visto, lo nunca oído, música de viento, y no la de la banda tocando la Diana del día de la Patrona, sino la de los pitos, la de los silbidos, la de los abucheos, amonestación muy merecida, y en leve se quedó porque esta afición no quería hacer leña del árbol caído ni que del boquete de la herida abierta la semana pasada  la sangre brotara a borbotones…

“Marzo lluvioso y abril ventoso sacan a mayo florido y hermoso”, refleja el refranero. Y sin embargo, en el día séptimo del tercer mes del año, encima de la verde y cuidada hierba de La Florida, el techo de nuestra morada era de ese color tan límpido y bello que le llaman celeste. Y del firmamento, como lámpara que colgara, un sol que se había colado de rondón en el invierno, que hubiera recorrido veloz la primavera hasta alumbrar el verano, también llamado estío…¿Estío he dicho?…¿No será, visto lo visto, el hastío la estación del año en la que vivimos?. Y es que hastiada está la afición. Luego de que Javi Luaces y el resto de las personas que se den por aludidas derruyeran el templo, el oro y el moro se nos prometió; en fin, esa tierra prometida donde los ríos que la recorren son de purísima leche dulcificada por la miel. No hay templo a día de hoy; a lo más una casucha donde, impúdicos, trajinan los mercaderes y los cambistas. Si Dios bajara por segunda vez a la tierra disfrazado de su hijo Jesús, se volvería a enfurecer contemplando tanto desatino, e, iracundo, desbarataría este cambalache en el que han convertido la “Casa de mi Padre”, esa que, como vehementemente poetizaba Gabriel Aresti, se debería haber defendido aún en ausencia de manos debido a la mutilación por malicia o accidente…

Repasamos el tópico y leemos que errar es de humanos y de sabios rectificar. Pero cuando subsanar equivocaciones resulta tarea imposible, el pueblo, hastiado, se enfurece y de oro viste un becerro de barro. Si a Joaquín Sabina le robaron un mal día el mes de abril, a nosotros, jarilleros siempre y en todo lugar aunque seamos abstemios, nos han usurpado toda esta temporada en la que tantas ilusiones habíamos depositado. Hastío, que es lo mismo que decir hartazgo. Harta está la gente. Niños y niñas a los que un caramelo se les puso a la puerta de sus bocas y la golosina, al igual que le sucediera al trovador cubano con su Unicornio azul, ha volado: a otro pueblo, a otro barrio, a la puerta de un templo de oro edificado en el que sirva para endulzar las bocas de la chavalería de un  bautizo…

No hay reyes magos que oficien en un templo. No hay ilusión. Nos han robado la esperanza. Y sin ella, ya se sabe, no hay vida. O la sigue habiendo, pero carente de sentido. De dónde venimos ya lo sabemos. Pero quiénes somos y adónde vamos son cuestiones que a día de hoy, al menos a mí, se me escapan. Puesto en lo peor, y haciéndole caso a Fernando Pessoa, dormíamos en la posada cuando en plena noche se plantó junto a la puerta la diligencia. Subimos a ella –a la fuerza ahorcan-…y en este preciso momento en el que estas cosas estoy escribiendo (cuatro minutos más allá de las tres de la tarde del lunes posterior a tan pobre domingo) el carromato, con nosotros dentro, del todo indiferentes, desde el momento de la partida, al espectáculo, al circo, al teatro, al fútbol, en fin, de nuestro amadísimo Portugalete que la vida, dañina e inmisericorde, ha puesto delante de nuestros ojos, el carromato, decía, la diligencia, a la velocidad de la luz de cada domingo, viaja sin remedio hacia el abismo. Inhóspito lugar donde habitan la indiferencia, la desilusión y el hastío.

Post-scriptum: Aunque no lo parezca, todas estas palabras mías han conformado un artículo de fútbol. Del fútbol de mi Club Portugalete. De ese equipo que ayer, domingo 7 de marzo, vagó como alma en pena sobre el tapete de La Florida. Por si para la afición pasó inadvertido, sea dicho que nuestros jugadores llevaban, todos ellos, la marca negra de Caín pintada en la frente. Esa marca con la que dios, también llamado el señor, señala a aquellos seres para los que tiene diseñada una vida insulsa y triste. Vagar, cual nómadas expulsados del Paraíso, por un mundo hostil con el único consuelo de saber que  su muerte será natural, nunca violenta, allá cuando en el horizonte se atisben las puertas del Estío.

 

Grumete Diego. La Florida. 8 de marzo de 2011.

Firmado: “Luis”, jugador, siempre, del Club Portugalete.


Opinión. Reflexiones tras el Sestao, 4; Portugalete, nada. CAL, ARENA Y…LODO

Fecha: 01/03/11


CAL, ARENA Y…¡LODO!

Pluralizando el título de una de las más bonitas canciones del trovador cubano Silvio Rodríguez, y trayendo su agua de coral a mi molino portugalujo, permítanme el cantar:

“Esos hombres que por sus hechos han sido alabados tanto se cuiden de sí se cuiden de ellos solos porque el mismo don que los levantó los está ahogando en lodo”

El refranero castellano, en alusión a los vaivenes de la vida, también llamados altibajos, se muestra equitativo al metaforizar: “Una de cal…y una de arena”. Dándosele a la cal, quién no lo sabe a estas alturas, el valor del oro, y a la arena, no más que lo que supone un trozo de hojalata roñosa. Uno, más sabio por sus diabluras que por una vejez que aún no siente, no llega a entender que algo que no tiene más poder que el de blanquear los muros de la vieja casa de los sueños de La Florida equivalga al éxito que supone acertar siempre en el clavo y la fina arena de las playas, mojada ella por las olas, con  la que las criaturas, a base de balde, rastrillo y pala, construyen castillos para habitar y flanes como postre de un banquete, esta arena decía, escurridiza cuando, seca, la queremos retener en puño, sea esa moneda de curso legal con la que se compra el fracaso, o acaso esa otra falsa con la que el trueque resulta imposible, en el mejor de los casos: ¿cómo demostrar que, luego de un largo viaje, de forma azarosa a tus manos llegó y no fueron esas mismas manos las que en una lonja ignota con la pericia del timador la fabricaron?

Cuando el Portu despidió al Leioa, su invitado, de tres bofetadas, la cal de las líneas de La Florida, así como la de las circunferencias del centro del campo y la del punto fatídico, amén de las medias lunas de las áreas grandes y el cuarto menguante de los saques de esquina se volvió viva: cal viva; de esa que quema al rival y da unos brochazos a las paredes del templo que parecía ir cogiendo altura. Si fuéramos castellanos, en Basarte, feudo del Amurrio, habría tocado la de arena, pero siendo vascos de pleno derecho, por jarrilleros, fuimos a lo nuestro. Luego de coronar desde Orduña el Txarlazo e incursionar por el altiplano de la sierra Salbada, desde la tribuna, me sentí copartícipe del severo castigo que le inflingimos a un equipo más  blando que la  nata que yo bato para vestir de blanco las rojas fresas con las que, últimamente, abro el telón de todas mis cenas. Dos de cal; y en el horizonte, el Santurtzi, con el agua al cuello. Era mi deseo ser una mano más sobre la cabeza del náufrago a fin sumergirle en el mar violento en el que como tabla era zarandeado. Pero el equipo no estaba por la labor. A los chicos, alentados por el entrenador, les dio el ramalazo evangélico, y, cual samaritanos, dieron de beber al sediento. Agua para ellos: potable y por la boca; saciados quedaron con el empate a uno. Arena para nosotros. Llega la arena. A la tercera, pero llega. Y así, cargaditos los bolsillos, levantar otra vez la vista y caer en la cuenta de que allá donde la tierra y el cielo se juntan se divisa una alameda, la de Las Llanas, con su campo de fútbol al otro lado de la muralla, feudo del Sestao, otrora Sport, hoy, como pesado yugo, la penitencia de  darse a conocer por un apodo, “River” le dicen orgullosos, a mí me daría vergüenza, y todo por el pecado de jugar a ser ricos con un jornal de labriegos…

Sé que me tacharán de ingenuo, inocente y crédulo, pero cuando pensaba en el partido a las cinco de la tarde, me imaginaba un duelo entre gigantes, una lucha sin cuartel, un pulso tan igualado que el mundo se quedaría pasmado al contemplar a los verdinegros comandando la tabla y a los de oro y hulla pagando en el Purgatorio por el pecado de soberbia de aquel, o aquellos, que gozando de un templo de lujo decidieron derruirlo para levantar, sobre la zona cero, esa bíblica torre con la que intentar penetrar en el cielo de la Segunda División…

“Usteak”, sin embargo, “erdiak, ustel”. Ahora, después del duro castigo que me  ha dejado desolado, me doy cuenta de que confundí mis ardientes deseos con la cruda realidad que como ruedas de molino nos estamos comulgando para santificar de manera plena el rito sagrado del balón de los domingos. Hamalau intxaur: hurreratu…eta lau. Mucho ruido en mi corazón, ninguna nuez sobre el verde castigado del feudo de los fabriles, y sí castañas, cuatro, de toda índole, que pudieron ser más. No obstante lo duro del dígito, más allá de la abultada derrota, me llamó la atención, hasta acabar sumido en una profunda tristeza de la que, en noche de lunes, aún soy presa encadenada y con grilletes, me escandalizó el ver que los futbolistas que en su pecho cobijan así su propio corazón como el todos aquellos que, bien por exceso de años o por falta de aptitudes para el juego no nos vestimos de corto…se arrastraban por la carcomida yerba como si, luego de haber pretendido estar a la altura de dios, también llamado el señor, el todopoderoso les hubiera castigado a ser serpientes que tuvieran que reptar durante el resto de los días que le quedan a esta existencia que, allá por el mes de Mayo se extinguirá para dar paso a las txibiritas entre la hierba y a las rosas en mi jardín…

Más de cien pesadas crónicas sobre mis castigadas espaldas…y apenas salió un reproche de mi boquita cerrada. Y he aquí que, de repente, ignorando que lo era, soy el volcán que siempre fui. Todos lo somos. Desde el día en que abrimos los ojos a la violenta luz de este mundo. Dormidos pasan por la vida muchos de ellos hasta caer en el sueño último y fatal. Más otros, de tanto ardor como encierran, aunque a edad tardía, revientan, explotan, presurosa sale la lava por la boca del cráter, y las cenizas manchando nubes como fuegos de artificio. Si Pompeya fue la pagana del Vesubio, a esta hora de la noche, ciento veinte minutos para que cambie el día, es mi deseo e intención que toda la ira que poseían mis entrañas sin yo saberlo caiga como pesada losa sobre las conciencias de todos aquellos que ayer, 27 de febrero de 2011, por acción, y sobre todo por omisión, deshonraron la camiseta amarilla y negra, echando así basura sobre el limpio jardín de La Florida y el resto de la villa de Portugalete

En el cuadernillo que se repartió a la entrada del duelo vecinal Portu-Santurtzi, en el rincón titulado “La jornada por Javi Luaces”, nuestro mister de Busturia, abro comillas, aseguraba que “se ha perdido esa sensación de abismo en la clasificación”, y prometía que “nosotros vamos a pelear por todos los partidos a muerte…”. Esperanzado, pues, me disponía a coger el metro para emerger de las profundidades en el Kasko sestaotarra. Iluso me decían las voces que yo o no escuchaba o les hacía caso omiso. Como a Santiago Nasar en la Crónica de una muerte anunciada, al Portu toda la afición, menos yo, ser humano tan cándido que aún superado el medio siglo sigue creyendo en la magia de los Reyes de Oriente, conocía que lo iban a degollar de la manera más cruel entre todas las posibles. Pero es que yo me aferraba al clavo ardiendo del verbo de Luaces: “Nosotros vamos a pelear a muerte”. Me dejé engañar, crédulo que es uno, ese es mi delito. Y por ello, a diferencia de los que ya sabían de qué iba a ir la fiesta, sufrí lo que no cabe en estos escritos; me sentí humillado, vejado, pero, sobre todo, engañado. Por primera vez en mi dilatada vida, el Portu me había mentido: en los prolegómenos, con falsas promesas, y en el verde, con hipocresía y cinismo. “Pelear”, asegurabas: “A muerte”, prometías. Utilizaste el nombre del Portugalete en vano, y eso, como sucede con el de Dios si con ligereza se toma, es pecado tan grave que no habrá en esta vida penitencia que lo diluya…

En el rectángulo de juego, dos equipos, como es de rigor. Un “referí”, también llamado árbitro o colegiado, con sus dos ayudantes, auxiliares, en fin, los linieres de toda la vida. Y sobre todo, el balón, ese objeto de deseo que sólo se deja amar por las botas virtuosas de los futbolistas que albergan en sus corazones los deseos más hermosos. Dos escuadras, decía; dos onces de salida. Y de inmediato al pitido inicial, qué vi…El equipo de casa, hambriento; el foráneo, inapetente. El primero, como bestia en celo; el segundo, sin deseo, con la lívido atorada, indeseable. Los anfitriones, ardientes, como agua de la fuente; los invitados, aparte de ser convidados de piedra, fríos, fríos, como el agua de un río que corre lento debajo de la superficie que en capa de hielo convirtió el crudo invierno. Los verdinegros, esforzados, atrevidos, descarados, valientes…; los gualdinegros, presos de la desidia, perezosos, vagos, timoratos, e incluso cobardes. Los locales, como si en cada acción o disputa les fuera la vida misma, que les iba; los visitantes, arrastrándose en esa cruel agonía que antecede a la terrible muerte. Dos no se pelean si uno no quiere, se dice. A veces no se cumple el dicho, pero en este caso que nos ocupa, desgraciadamente, sí. Más nos habría valido que nuestro presidente, con el poder de su nombre, con amabilidad hubiera argumentado una epidemia de nostalgia y melancolía que había dejado el vestuario jarrilero hecho unos zorros. Partido suspendido; tres a cero para el Sestao; los puntos para el líder…y no haber sufrido, así, la humillación, la vejación, el sonrojo, la infinita tristeza que le provoca a uno darse cuenta de que asiste al circo, al Coliseo romano aquel en el que a un lado se sitúan las fieras salivando su hambruna, y al otro, temblando, tiritando de miedo, los que no han de ser sino carne fresca para la escabechina. Y ni siquiera el consuelo de que tras la muerte, la condición de mártir que acarrea beatificación o santidad, porque sólo aquel buen ladrón llamado Dimas tiene la certeza de que tras cerrar sus ojos a la violenta luz de este mundo estará, junto a Jesús, esa misma tarde en el Paraíso…

No necesito, desde hace un tiempo, los periódicos y tertulias del día después. Me bastan mis ojos, para ver; y mi corazón, para sentir. En este momento en el que escribo estoy profundamente enojado con mi equipo, enemistado, porque me ha golpeado con el arma más dañina: la traición. ¿Pelea?…¿Qué pelea? ¿A muerte?…¿Golfeando?…Utilizar el nombre del Club Portugalete en vano, así como el de Dios, es pecado tan grave que no habrá tiempo en este valle de lágrimas para una penitencia tan larga y pesada. Obras son amores y no buenas razones, querido Luaces. Y cuando reparaba en ti, erguido, era consciente de que asistías, aunque en apariencia superficie lisa, a un huerto en ligera cuesta en el que alguien oraba desde el cielo y el resto dormitaba. Siéndome imposible incursionar por tu conciencia, no acierto a asignarte un papel en este escenario lleno de olivos en el preciso momento en el que a mí, en vez de un zumo de naranja, se me da a beber de un cáliz rebosante la amargura de la hiel. Ni tampoco sé quién eres cuando, luego de un obsceno beso, a un ser de ciento dos años de vida le prenden. El resto de la historia, quién no la sabe: el expolio, la fusta, la burlesca corona de espinas, el penoso progreso hacia el monte de la calavera. Y en su cumbre, el tormento de la cruz. La agonía, la lanzada en el pecho, las últimas palabras, “Todo se ha consumado”…

Eso fue el domingo, 27 de febrero, el día, quizás, más triste en la historia del Portugalete, nada que ver con aquel derby sin goles en el que Javi Caridad estrelló un balón en el travesaño luego de un tremendo zapatazo desde, casi, el centro del campo. Eran otros tiempos. Y otra Tercera, también. De ropa de domingo y partidos de gala.

Hay vida, once jornadas quedan para que la liga concluya. Mas, sin embargo, ya no albergo esperanza. Me pregunto, sin embargo, si al séptimo día, como aquel ser, según aventura la síndone de Turín, al tercer día lo hizo, resucitará el Portugalete el domingo día seis a eso de las once y media de la mañana. Como las mujeres al sepulcro de la cripta, me acercaré a La Florida en busca del milagro. O tal vez no lo haga y me decante por subir a un monte, a la cumbre de un monte, a bautizar a los hijos que no tuve, a sentirme uno con la naturaleza, hermanado con ella, feliz, como un cervatillo recién puesto en libertad. Sea como fuere, quiero que sean mis últimas palabras para toda la plantilla y el cuerpo técnico de mi Club Portugalete. Escribo yo, pero en verdad la poesía no es mía, la convirtió en “Ese hombre”, canción, el trovador cubano Silvio Rodriguez. Primero se dirige al que comanda la nao jarrillera en la que Diego de Portugalete ejerce de grumete…

“Ese hombre que por sus hechos de la temporada pasada

fue alabado tanto

se cuide de sí

se cuide de él solo

porque hay un placer

perverso en creer

merecerlo todo…”

 

Y concluye alertando a todo el plantel jarrillero, en especial a los que, como almas en pena, vagaron por el verde de Las Llanas hasta convertirse en “el peor equipo que por el feudo verdinegro había pasado”…

 

“Esos hombres

que por sus hechos ante el Getafe de Michel

fueron alabados y festejados tanto

se cuiden de sí

se cuiden de ellos solos

porque el mismo don

que los levantó

los está ahogando en lodo”

 

Martes ya. Trece minutos faltan para las tres de la tarde. A esa misma hora, reza en los evangelios, expiró Jesús en su madero en cruz. Y yo aquí, perdido y solo, sin un cuerpo al que abrazarme, sin un equipo que sane mis heridas con su juego curativo. Perdido y solo. Ese artículo, inédito, ya fue escrito a finales de Noviembre de 2010: “¡Desamparado!”. “Así estás tú, te creemos, tus palabras resultan sinceras. Pero…¿qué será de nosotros hasta el final de la liga? ¿Qué tipo de fútbol veremos en La Florida y cuando hagamos turismo invadiendo campos ajenos?…

 

¿Por qué preguntar, querido lector, cuando la respuesta no se espera?…

 

 

Firmado: “Luis”, futbolista del Club Portugalete.

 


Opinión: PORTU, CUENTAME OTRA VEZ… Club Portugalete 2 C.D. Aurrera de Vitoria 0

Fecha: 24/01/11


Artículo escrito luego de ver el Club Portugalete 2 C.D. Aurrera de Vitoria 0

PORTU , CUENTAME OTRA VEZ…

…esa historia tan bonita de aquel partido frente al Getafe de Michel. Háblame de aquella noche mágica, cuando todo era distinto, cuando todo era más bello. El mismo campo, la misma yerba florida, Pero no a oscuras, antorchas de luz flameando sobre nuestro Coliseo para que tanto los jugadores como nosotros no nos perdiéramos detalle del espectáculo que nos brindaban veintidós gladiadores, sin martillo, sin espada, sin lanza, sin tridente, desnudos de toda arma mortal, ligeros de equipaje (qué livianos se vuelven el oro y la hulla cuando son manto que cubre nuestros cuerpos…), casi desnudos, como hijos que son del Abra, antesala del mar…

…y esa historia tan triste que, para resultar creíble, se apropió al día siguiente de mi amigo Xabier Murua y le hizo trizas hasta convertirle en cenizas. Polvo en el polvo es hoy. O alga en la orilla de una playa. Leyenda. Mito. Historia. Eso es: historia, pero, como bien dice Juanra, “historia viva”, porque los que como él comandaron una ilusión, como escribió el gualtemalteco Miguel Ángel Asturias, no mueren: cierran los ojos y se quedan velando el sueño de nuestra vida…

Acabada la contienda, malherido el combatiente, vino hacia mí un hombre y me dijo, No mueras, hermano, resiste, que ya te llegará la hora. Y esa hora ha llegado. Hoy ha sido la hora. Para ser exactos, digamos primero el año, 2011, después el mes, enero, luego el día, 23. Eso es: 23 de enero de 2011. Y como decíamos que la hora era, por fin, llegada, fijémonos en el reloj, que marca las once antes del meridiano, o sea de la mañana….

Fue muy dura la batalla. Más de dos meses ha durado. Recibí un disparo, vagamente lo recuerdo. No sé si quién fue el francotirador ni dónde se apostaba. Sólo tengo claro que caí. Y que tumbado permanecí en tierra extraña, territorio enemigo. Solo. Qué terrible es la soledad cuando uno es prisionero y no ve otra cara que la de su carcelera. Por razones humanitarias, el destino quiso que, luego de una fuga, cumpliera  el resto de mi cautiverio en mi villa natal. Primero en la casa donde nací, Grumete Diego,1 (actual 63), hasta que, como le sucedió a un Jesús encriptado luego de su crucifixión, al tercer día resucitara en la casa de la mujer que nueve meses me tuvo en su vientre. Tenía hambre, y me dio de comer; sed, y me la alivió. Y música, y lectura, en fin, todo lo que un hombre necesita para sentirse limpio. ¿Qué ella ya no está?…En realidad, hacia ya demasiados soles y, en especial, demasiadas lunas que Ella me faltaba. No se daba cuenta. Pero yo sí: ¡no hay mayor castigo que estar al lado de una mujer y sentirse huérfano de su cariño!…

Primero, levantarse. Segundo, caminar. Tercero, salir a la calle. Cuarto, dejar que el cuerpo flote en el agua de la piscina, y bracear con dulzura, que uno ha estado inerte y no está para fatigas. Boca arriba, boca abajo. Diez largos, luego doce. El cuerpo, luego de la pelea, es una barca varada que hay  que hacerla de nuevo al agua, para que no sea tabla sobre  un mar violento, sino una cáscara de nuez sobre un río de aguas mansas. Moisés era flotando sobre un Nilo en calma. Hasta que esta misma mañana, 23 de enero de 2011, unas manos impersonales, pero hábiles y muy acostumbradas como si fueran de  matrona, han recogido la canastilla donde dormitaba y me han depositado en la orilla. De mi Ría, por fin, la del Nervión: de mi mar, ya era hora, el Cantábrico. Pero no en la derecha orilla, sino en la orilla izquierda, la que se hace Portugalete, mi villa, la que yo no vi nacer porque no soy el Señor de los Tiempos, la que me vio nacer, pared contra pared, diez metros separaban mi primer llanto de los muros del campo de La Florida…

Como si fueran un animal recién puesto libertad (qué somos, sino animalitos), mis pies, donde reside mi instinto y mi más primaria inteligencia, se han empezado a mover, Y yo me he dejado llevar. Cuesta arriba, evitando las escaleras automáticas, remontando la calle Zaldua hasta alcanzar la puerta que da acceso a los vestuarios, ineludible el trámite, el carné del 2000 ya no vale, es como un calendario caducado que no da fe del mundo en que vivimos. Saludos. Arriba, una fila. Hay lista de espera pero no se precisa coger número. Basta con seguir el ritual del boca a boca, El último, por favor. Tomo el mío. Y aprovechando que Luís pasaba por allí, pregunto, aunque sin atisbo de esperanza, por el del que un día fuera mi sobrino y ha no mucho me traicionara. No consta, me dicen. Se habrá borrado, pienso. No lo pienso: es un hecho. Ya no figura en la lista de los socios del Club Portugalete: ¡qué pena me das, Kevin!…

Fue muy dura la batalla: dos meses largos ha durado. Sesenta días sin ver al Portu; sesenta noches soñando con él, pero soñando en el sentido literal del verbo: yo era jugador, aún a mis años, y conducía, y centraba; y corría, y remataba; y a veces metía gol…¡Qué duro se me hacía, al despertar, caer en la cuenta de que estaba atrapado en una cárcel, del mismo mar, sí, pero en la otra orilla, en Sopelana, pueblo que maldeciré cada uno de los días que el destino que tenga preparados…

De momento, como armisticio me tomo el permiso de esta mañana. Porque la guerra que ha provocado esta batalla aún no ha terminado. Diez años dura. Se le dio inició con una aguja por la espalda allá por el mes de septiembre de 2000. En septiembre, cuando las hojas empiezan a caer. Agonizaba el verano. El otoño se disponía a nacer. Y entonces se oyó un disparo. La bala era para mí…

No era, como canta Ismael Serrano en “Papá, cuéntame otra vez”, suelo de adoquines el rectángulo de juego del campo de La Florida. De hierba es. Como de hierba era la última vez que, al lado de “el del 3”, me senté en la tribuna para disfrutar (ver jugar al Portu siempre es goce para mis sentidos) con el juego de mi equipo. Y sobre la hierba, desmintiendo al cantautor madrileño, aunque no era de playa, sí había arena. Arena protectora, curativa, sanadora. Es un jardín La Florida, pero municipal, de uso público, cada quince días, invitados y anfitriones, con los tacos de sus botas, se dan un festín, de no mucho fútbol, según se queja la parroquia, y siempre festejando pocos goles. Sequedad. Sequía pertinaz. Y mira que en Portugalete llueve. ¡Qué hiciste, Javi Luaces? ¿Porqué derruiste el templo en el que casi celebramos el ascenso, si no tenías de tu dios la promesa de que durante esta temporada serías capaz de levantarlo en toda su hermosura y esplendor?…

Antes del partido frente al Zamudio, anteúltimo de la primera vuelta, le reté a Luaces a que en veintiún jornadas levantara el Templo derruido, el mismo que él, con su hipo huracanado, echó abajo en un acto de excesiva ambición; de soberbia le acusarán aquellos que crean a pies juntillas en los pecados capitales. Porque incluso de avaricia se podría calificar desbaratar un equipo que a un tris estuvo de alzarse a la segunda división. Desde la vanguardia hasta la retaguardia fueron cayendo futbolistas. Primero las torres gemelas, Zarate y Zarandona, que arrastraron con su peso a Igarki y Aimar Cid. La zurda de Mario, aquella que nos garantizaba goles olímpicos, voló hasta el valle de Aiala. De Quintanilla sabíamos que era un regalo a devolver. Pero lo de Santi Vélez no tiene perdón de dios: saber, cada semana, que es un garante en el centro de la defensa del Sestao me llena de ira, pecado capital el mío, me hago cargo. Y qué bien nos vendría Galder Negro viendo que el mister no ve otra opción para la banda izquierda de la retaguardia que la figura del diestro Goiria…

Venía el Aurrera de Vitoria con el farolillo rojo colgando de su mano. Perita en dulce parecía. Pero a este Portu que yo vi cualquier fruta se le resiste a su mordisco: le abrí la boca…¡y estaba casi desdentado!. Luego de vivir fuera de La Florida un tiempo equivalente a los cuarenta días y cuarenta noches que Moisés se pasó en la cumbre nublada del Sinaí recibiendo órdenes de dios, también llamado el señor, descendí al verde y me encontré con una afición jarrillera que, harta de esperar noticias gratificantes, se arrodillaba ante un becerro que con barro habían hecho y con oro cubierto. No puede ser, me dije. Algo habrá que hacer para que esta inercia profana no nos arrastre hasta el fin de los días. Necesitamos recuperar la esperanza. Y de la esperanza vendrá la fe. Porque sin fe la nuestra vida no tiene sentido. Fe, esperanza, vida…Y recuperaremos la Religión, en el sentido literal de la palabra: del latín, “religare”, o sea, “volver a unir”. Así los jugadores entre sí como el equipo con la afición. El partido (ojala que sea muy pronto) en el que el  balón, partiendo del pie de Macías, y sin que medie robo por parte del rival, pase por las botas de  once  jugadores vestidos de oro y hulla antes de alojarse en la red de manera virtuosa, el partido, ese partido, será como el nacimiento de la estrella que nos guíe hacia esa luz que yo aún atisbo al final del túnel…

Mientras tanto, y pasando por encima, como el que pisa cristales, como el que camina sobre brasas, confesar que en la mañana del domingo 23 fue lo mío un viaje a lo desconocido. El colista no fue menos que el virtuoso que para mí sigue siendo el Portugalete. Un equipo desfigurado el gualdinegro. Porque no es de recibo ubicar a Goiria en la banda izquierda. Ni dejar huérfano el ataque de un interior por la misma banda. Javi González y Aguiar juegan con las posiciones cambiadas. “Mac Arthur”, así bautizado por José Iragorri, aportaría muchísimo como lateral derecho (de él dijo Heynkes: “Nunca vi a un lateral jugar de manera tan virtuosa como hoy lo ha hecho Javi González”), e Imanol Aguiar, con su punta de velocidad,  le daría al ataque esa profundidad que el equipo necesita….

El partido semejó una disputa entre iguales. Y de ahí la desesperanza de la grada. El balón, que de suyo era nuestro, fue repartido en  posesión a partes iguales. Sentí pena, quizás rabia, ante un Portu deslavazado, desligado, en fin, descreído porque ha dejado de ser practicante de su propia religión. Si se ganó es porque, como el Cid, este equipo es capaz de ganar batallas incluso muerto. Y, así, no es de extrañar que los dos goles del partido se marcaran a la remanguillé, o a la sopa tolondra, como dice García Márquez. Sesión de fuegos de artificio fue el partido. Con una bonita traca final, de justicia es decirlo, gracias al lujo de Alberto y al zapatazo de “Avidal” que se estrelló en el travesaño provocando un leve terremoto en las entrañas de La Florida. Y el cohete final, cómo no, dando final a la colección de fuegos artificiales, de muy poca enjundia, es de justicia escribirlo. No conviene sumirse, sin embargo, en la melancolía, antesala de la tristeza, puerta que se abre a la depresión. La nostalgia tampoco es buena, porque acarrea sufrir en vano, ya que el retorno a otro lugar, La Florida iluminada, y a otro tiempo, mágico partido frente al Getafe de Michel, es algo imposible. No suframos, pues. Aunque yo sea de letras (periodismo estudié), sé que las matemáticas no nos han abandonado. Doy la vuelta al calcetín del refranero y afirmo rotundo que…¡mientras hay esperanza, hay vida! Disfrutemos de la vida intensamente, sábado a sábado, domingo a domingo. Dentro de tres días, la batalla se llama Artunduaga; el rival, Baskonia. Una villa de siete siglos deberá pelear contra todo un pueblo que se pierde en la noche de los tiempos. Qué los dioses iluminen desde entonces y hasta el final de este viaje a Javi Luaces, este nuestro Moisés que nos guía por el desierto hacia la tierra prometida…

Y como lo que sucedió el 27 de octubre en La Florida escrito está, y nadie hasta hoy lo ha desmentido, termino con una súplica, con una plegaria…

“PORTU, cuéntame otra vez esa historia tan bonita de aquella mágica noche que vivimos en La Florida. De cómo el Getafe no fue más; de cómo nosotros no fuimos menos. Que nos tratamos de tú, pero con mucho respeto. Que jugamos de memoria, practicando un fútbol bello. La afición maravillada abarrotando el estadio…

PORTU, cuéntame otra vez ese cuento tan bonito del bocata de tortilla. Recuérdame a aquella mujer, su brazo rodeando mi cuello, sus labios sobre mi cara. Dime que todo volverá, algún día, muy pronto: ¡UN PORTU QUE ME ENAMORE, UNA MUJER QUE ME QUIERA!……

“Portu…¡CUÉNTAME OTRA VEZ…!

Firmado: Luís María Pérez (“LUIS”)


Opinión: Muere el Hombre; nace la Leyenda…AGUR, MORUA

Fecha: 05/12/10


El pasado 28 de octubre, mediante rito “profano” en la Basílica portugaluja de Santa María, se honró la memoria de Francisco Javier Ozaeta Polancos. Apenas dos días después, antes de dar comienzo el Portugalete-Gernika, en el recinto “sagrado” de La Florida, la parroquia jarrillera guardó silencio durante ese minuto emotivo y de rigor a fin de recordar, y despedir al mismo tiempo, al inolvidable Xabier Murua, o “Javi Morua” para ser respetuosos con la última voluntad del hombre que ya es leyenda…

Javi MoruaEn el primer encuentro de la pasada temporada 2009-2010, el Club Portugalete, su equipo, al que se entregó en cuerpo y alma, presintiendo un oscuro final, con buen criterio le obsequió con un pack de cuatro regalos. A saber: una camiseta y un balón firmados por toda la plantilla, una placa conmemorativa…y el honorífico saque de centro del campo. Obligado por su condición de cronista oficioso y amigo personal del agasajado, el viejo Samuel Agirre regresó de su lugar de retiro para firmar un cuaderno glosando la figura del protagonista titulado “Murua irrumpe en el Centenario del Portugalete”, titulo del que se sirvió curiosamente, poco tiempo después, el periodista Kuitxi para poner uno de sus primeros artículos radiofónicos a disposición de la voz autorizada de José Iragorri, Jefe de Deportes de Herri Irratia- Radio Popular. Ensalzado el hombre en vida, sobrarían mis palabras en la hora de su muerte de no haber sido quien fue. Para las mentes estereotipadas y las conciencias simples que evitan acercarse al hombre a fin de no dejarse cegar por la blanca y pura luz que de él emana y verse, así, obligados a voltear sus creencias… Para ellos, para los menores y los segundones de la vida, Javi Morua era una suerte de bufón nacido para entretener, hasta que de él se aburrían, o cansaban, a los cortesanos del balompié, a su parroquia plebeya y a los parias de la tierra. No habrá, hay y había en su vida más ciego que el que no quiere ver. Pero a él, aunque era un “ser de otro mundo”, el milagro que era su vida no le dio para, tocando con delicadeza los párpados cerrados, devolverle al invidente la visión…

Escribo…Sigo escribiendo…porque me resisto a que el ser humano que fue Francisco Javier Ozaeta Polancos, Murua de tercer apellido, pase únicamente a la Historia como el actor que imitaba a José María García y su “Carrusel Deportivo” y que convirtió en telonera a la mismísima Orquesta Mondragón cantando “La manguera, dónde está, dónde está la manguera”…y “Coge tu sombrero y póntelo…¡vamos a la playa, calienta el sol”. Los que nos pusimos en su lugar buscándonos a nosotros mismos quitamos prendas al personaje hasta desnudar a un hombre bueno, a un buen hombre, bienaventurado por manso, generoso hasta gritarle ¡basta! para que no cayera en el despilfarro y la gente le llamara “manirroto” por regalar a un amigo el cromo más difícil de su colección…

Asiduo a Lezama cuando Lezama nacía (Iragorri da fe de ello). Apasionado al ciclismo: guardo el botellín de Peio Ruiz Cabestany, rayado al golpearse en el asfalto, que me regaló la tarde que logramos el ascenso a Preferente en el campo Las Cármenes de La Arboleda…Director de Fanfarrias…y de la Banda Municipal tocando la Diana de Pedro Heredia el día de la Patrona. En su tarjeta de visita: artista polifacético, representante de futbolistas (mil veces me quiso colocar en equipos de campanillas…y otras tantas le dije: “Xabier, de sobra sabes que la única camiseta que yo puedo vestir es la del Portu”)…y Embajador en Bizkaia de la Federación Rusa de fútbol. Más las pasiones más altas, así como las virtudes sublimes, no están escritas, viajan en su alma, tantas veces puesta en mil empeños y en su corazón tendido al sol de La Florida o a cubierto de las tormentas que entran por el Abra. Su virtud, en lo que a mí me alcanza: obsequiarme con el encanto de su presencia, esgrimiendo una sonrisa aún cuando por dentro se iba consumiendo, regalarme su amistad, con lo que ello conlleva : amigo es aquel que te pregunta “qué tal estás”…y se queda a escuchar tu respuesta. Amigo es el que me convierte en su confesor y se declara mi confidente. Amigo eras tú, Xabier, y te has ido sin aclararme si te resultaba suficiente con que yo me limitara a cumplir literalmente las directrices evangélicas. Porque, ¿recuerdas?, una desapacible tarde me dijiste: “Luis, tengo hambre y un poco de frío”…y yo te llevé a mi humilde y vieja casa, esa pegadita al campo de La Florida, para darte de comer un cola-cao calentito con galletas”…Y sucedió también, próxima su hora, que, yendo en su búsqueda como aquel pastor que va tras la oveja perdida, lo encontré derrotado sobre una mesa del portugalujo Hotel “de los pobres”, Puente Colgante también llamado. Posé mi mano sobre su hombro y le desperté. Y entonces él, con voz apagada  y mirada suplicante y triste, exclamó: “Tengo sed”. Y como el café que deseaba no le venía bien a su castigado estómago, le convidé a un zumo natural de naranja que él bebió como si fuera el último capricho del reo condenado a muerte que, en verdad, en la cárcel que es la vida somos todos…

Pero no sólo eras “mío” (qué insensatez tan sólo frasearlo en negación). Eras, rompiendo las sentimentales fronteras de tu amadísimo Portugalete, el retrato perfecto, la personificación inmejorable de ese juego y deporte maravilloso que los ingleses llamaron “foot-ball”. Allá donde tu equipo jugaba estabas tú, con ese hábito de oro y hulla que se necesita para oficiar en ese rito sagrado; imprescindible tu presencia, como la del balón y los jugadores: el árbitro no mandaba a jugar con su silbato si no te adivinaba entre la concurrencia de Basozelai, Landaberri, Gobela, , Sarriena, Tabira, Santo Cristo, Hurtado de Saratxo, La Baluga, Ategorri, San Jorge, Las Llanas, Lezama, Lasesarre…Olaranbe y Mendizorrotza en Araba; Loinaz y Garmendipe en Gipuzkoa; campos de Navarra en la Baldorba; la Caseta en Noja; municipal de Utebo en Zaragoza para ascender a Segunda B, tu mayor alegría…Zu, non, Portugalete, han: donde tú estabas, estaba el Portugalete; Portugalete, non, zu, han: donde estaba el Portugalete estabas tú, hijo predilecto del fútbol de bronce vizcaíno, beato camino de la santidad por el milagro, mil veces testificado, de haber sido capaz, con el instrumento de tu palabra, por un altavoz magnificada, de convertir la batalla campal que se libraba en el municipal de Santoña en un partido de abrazos…El fútbol: una bien encauzada y moderada pasión; el Portu: ¡tu locura! Vivías por y para él. Sin el Club Portugalete, a la vida, quizás, no le habrías encontrado sentido. Amabas tanto al Portu, que lo amaste hasta el extremo…

El pasado jueves 28 de octubre, luego de la portentosa exhibición de tus chavales ante el Getafe, a saber, con nocturnidad y alevosía, a la vez que con luz como de varios soles, amén de taquígrafos manejando alta tecnología…, después de la hazaña, decía, su hermano (el “nene”, como él le decía) entró en su dormitorio, y Xabier, sin darle tiempo a que le diera la buena nueva, sacando fuerzas de su evidente flaqueza, a duras penas despegó los antebrazos de su mermado cuerpo. Y cuando los dos brazos marcaron sendos ángulos rectos, recogió en puño los dedos excepto los bien llamados índices que, apuntando hacia ese cielo en el que se había convertido el techo de su habitación, señalaban el empate de la victoria que le habían narrado sus amigos de Radio Popular…

Al día siguiente, con el aliento de Whalt Wihtman, que cumplía guardia hasta el mediodía, a eso de las once y media, convencido de que ya le había pagado a la vida con intereses el préstamo de haber nacido, harto, aburrido de tanto sufrimiento, musitó: “Este cuento se ha acabado”. De seguido, cerró los ojos. Y se quedó velando el sueño de nuestras vidas.

Fdo: Luis Mari Pérez, “Luis”. Futbolista, en su día, del Club Portugalete


Opinión: Portugalete 1- Eibar B 0. LAS INTERMITENCIAS DEL FUTBOL

Fecha: 14/11/10


El. partido se presentaba como un reto entre el tiempo y la recuperación del cuerpo de un futbolista. Entre 59 horas y media y la puesta en escena, y a punto, de, al menos, siete jugadores: Macías, Bergara, Goria, Otiñano, Soria, Alberto y Aguiar. A.vidal, Ituriaga, Salcedo y Javi “Mac Arthur” González eran esa savia fresca que precisaba el equipo para, luego del descarrilamiento en Zalla, volverse a encajar en los raíles de la Liga…Tocó el Portu la bola de salida como si aún fuera de noche en La Florida, o en el sur de Madrid. Rodaba la pelota muy pegadita a la hierba haciendo saltar las chispas de agua que al drenaje aún no le había dado tiempo a tragar. Vidal, abandonando la cueva como si no quisiera ser víctima del mito de Platón, enlazaba con el manito Iturriaga, que, en su segunda comparecencia en el once, quería demostrarnos que sigue siendo un futbolistas de Primera División. Por su bien. Pero, sobretodo, por este Portugalete que, como equipo grande y “abusón”, vuelve a dar de salida, por segunda temporada consecutiva, una ventaja excesiva a sus rivales más directos. El curso anterior, salió bien la “fanfarronada”. Luego de cazar al Amorebieta, que había salido  como un galgo detrás de la liebre automática llamada “Real”, nos colocamos segundos y alcanzamos esta copa tan dulce. Este curso, la empresa de reeditar la hazaña se antoja harto difícil. Amén de que el “Amore” ha repetido de salida, a estas alturas, disputada ya la jornada 15, en la cabeza de la carrera se ha metido un Laudio líder que ayer era convidado de piedra y, a día de hoy, de los 36 puntos en juego, sólo ha perdido 3. Le sigue la Cultu, a 4 puntos, empeñada, con tan sólo una derrota, en pasar de meritorio a aquel grupo que logró el ascenso con una sola pierna, metáfora pura que se debe entender como que con una sola eliminatoria le bastó, ya que sabido es que con once cojos no se hará nunca un equipo competitivo. Obviando nosotros al Amorebieta (ya que sus dos entrenadores desde la tribuna no dejan de  admirarnos), el Sestao es el ciclista favorito de la ronda que, cuando el firme se ha empinado, ha sido dejado de rueda .Con 26, los de Las Llanas enseñan la espalda del grupo de escapados, seguido muy de cerca por el Beasain, reciente verdugo del que verdugo nuestro fue. El Zalla –donde las dan las toman- desciende otra vez a los infiernos. O la directiva encartada tiene asumido que su sino es la Regional o, a estas horas, con 5 goles a favor, apenas uno de cada tres lances, y con sólo diez puntos, a dos de la muerte, Fernando Pérez, en barca de dos remos bogada por Caronte, por la laguna Estigia navega hacia el Averno. Dicen que “el que a hierro mata a hierro morirá”. Fernando no jugó limpio contra el Portu, y los dioses no acostumbran a premiar a aquellos seres que hacen virtud, estandarte y bandera de lo zafio y obsceno. Entre los vagoneros y el Portu se ha colado de rondón un Leioa, elogiado por

los eruditos del fútbol de bronce, que en esta jornada ha sido capaz de golear al Athletic C, léase Baskonia, en su feudo de Artunduaga, con un “hat trick” de Iker Arzubiaga, un descarte del Club Portugalete hace dos ejercicios que hoy se dedica a golear al servicio del enemigo. “Que si era viejo; que si le había llegado la hora, su “San Martín”. ¿Es que  no es de dominio público que “los viejos roqueros nunca mueren? ¿Qué mientras le duran las fuerzas, el que tuvo gol ya de chaval con Luis de la Fuente, cuando, muchos años después, se les da la menor oportunidad para marcar no repara en el color de su camiseta…?…Y qué me dicen de Urko Vera, aquel chico que enloqueció marcando su gol al Valencia en Lasesarre, Salió del Portu y no precisamente en olor de multitudes, sino por la puerta de atrás, en silencio luego de run-runes y abucheos, y hoy en el Lemona de Aitor Larrazabal, un peldaño por encima de nosotros. El domingo, con el único tanto del partido, le dio los tres puntos a los cementeros, que están en puntos de Play-off. Y mejor si no miramos atrás, que da vértigo ver a otros equipos punteros hace no mucho, como el Gernika, Zamudio, Elgoibar, el Amurrio de “nuestro” Kuko…y hasta el denostado Zalla. Agiles y hábiles como Tarzán parecemos en una selva toda ella llena de fieras…

Sale la gente del campo frunciendo el ceño como si no encontrara explicación para tan exiguo resultado. Mientras, yo, como el pintor Sorolla defendiendo a sus pescadores: “Y luego dicen que el pescado es caro…”, después de la corta y complicada victoria, mas en cualquier caso valiosísima, exclamo: “Y luego dicen que la victoria es barata”. Con 17 puntos, a 16 del líder, Laudio, y a tres triunfos del Sestao, que marca la última posibilidad para la fase de ascenso. A falta de 26 partidos, con la friolera de 78 puntos en litigio, este equipo debe comenzar la escalada de la misma montaña del pasado más reciente. Antes de que finalice la primera vuelta, tres de los rivales a enfrentar figuran entre los cinco primeros; y dos de ellos –Laudio y Cultural de Durango- comandan la tabla. Próxima estación, Tabira: ¿quién dijo que esto sería fácil? ¡Portugalete: demasiada historia para rendirse!. Los puntos del domingo tienen el mismo valor que los tres conseguidos en San Jorge luego de escandalosa goleada. A propósito de la misma, de regreso en autobús hacia la Villa luego de caer en Landaberri, un muy enojado socio quitaba valor al 0-6 por haber sido conseguido ante un equipo menor. Pues bien, querido Gabi, esa cuadrilla de tuercebotas santurtziarras le acaba de despojar de su condición de inmaculado en Urritxe al todopoderoso Amorebieta (0-1) que tantas portadas acaparó y tantas entrevistas concedió en radio y televisión por permanecer a la vez invencible e imbatido. Uno, que ha sido cocinero (jugador) antes que fraile (aficionado, entrenador y periodista) sabe que estas cosan pasan porque siempre han pasado y siempre pasarán…

Respeto, pues, a este Eibar que nos visita. Que a pesar de que llega con el farolillo rojo iluminando su futuro, tiene el mismo derecho a soñar con la victoria que nosotros a intentar consumar la remontada. Aunque jóvenes, el apellido de “armeros” nadie se le puede quitar, al igual que a nosotros el orgullo jarrillero. Mas no con la fuerza y sí con la sutileza que nos hizo grandes por televisión en el duelo con el Getafe. Se intenta. Y cuesta. Somos el mismo río…pero nunca la corriente es igual. No bajan las aguas con el mismo brío. Cuesta doblegar al salmón cuando con todas sus fuerzas busca su origen huyendo de ese mar que es su morir. La naturaleza, implacable, impone su ley…Coincidiendo con el final del primer acto de los seis en que se divide el teatro del partido, el Portu da primero, aunque –sabido es-no habrá una segunda vez. No hará, afortunadamente, falta. Salcedo, llanero solitario porque así está escrito en el papel de reparto que le entrega su director, cae dentro del área cuando incursionaba por su izquierda. Penalti de libro. Mas lanzamiento heterodoxo del ortodoxo maestro González. Si Javi ha llegado hasta este punto, sabe que el destino que escogió para el balón es el punto de encuentro ideal para que el esférico y el portero se den la mano. Ajustado al palo, sí, pero no a su base o a la escuadra, como acostumbra el de Zorrotza, sino a metro y medio de la hierba, esa cruz imaginaria a la que siempre se abrazará el arquero a nada que, adivinada la intención del lanzador, se estire con un mínimo de garbo y luego se deje vencer. Repele, pues, el disparo y lo traduce en corner. Felices se las prometen los “fronterizos”. No saben lo que se les viene encima. Javi González no es de esos que tropiezan dos veces, y tan seguido, en la misma piedra. Como es sabio, rectifica. Si hace unos segundos ha errado por disparar a media altura, ahora va a rozar la perfección desde la esquina que se funde en horizonte con las casetas. La superficie de contacto es la misma que en el “penal”: el empeine interior de su bota derecha; el golpeo: un poco más violento, porque se trata de llegar más lejos, al corazón del área pequeña, a su mitad, ni tan bajo como para violentar un pecho, ni tan alto que sea presa fácil para las manazas del portero. Ahí, ahí, a la cabeza de Aguiar, que gira levemente su cuello a fin de que el balón no altere su trayectoria sino que salga como escupido de su testa, algo así como gomina que peine la pelota y la deje fijada a la red luego de burlar la excitante entrada de la escuadra. Se dice, en ocasiones como ésta, que se acaba de abrir la lata, y que, por tanto, tarea sencilla ha de ser ir sumando chicharros, teniendo en cuenta que, junto al Santurtzi, son, con 19 goles en contra, el conjunto al que más le han encajado. Pero, claro, si tiramos de estadísticas, en tantos a favor nosotros no andamos muy sobrados: 13 goles, con el reciente, en 12 partidos. Y si tenemos en cuenta que 6 se lograron en un mismo encuentro, y a la media docena cinco le quitamos para que con uno baste, resulta que nos sale una media de poco más de medio tanto por partido. Como para echarse a temblar si no fuera por Macías, que, con 7 goles recibidos, es el segundo clasificado en el trofeo “Zamora”. Mérito a repartir entre todo el plantel, empezando por el mister que, visto lo visto hasta ahora, y en especial en este partido contra el Eibar que aquí se está rememorando, creo que no me quemo si pongo la mano en el fuego y digo que se decanta (Luaces) por guardar la viña con muchos efectivos y enviar a un mozalbete con descaro para que robe ricos frutos en la huerta ajena. Nadar y guardar la ropa. Mas cuando flota en el agua y avanza, lo hace con un estilo precioso. La propuesta de Javi Luaces es de agradecer. El buen gusto y el preciosismo en este fútbol tan físico resultan tan gratificantes a la vista como el amor al cuerpo y los sentimientos en el torbellino de aquellos tiempos tan revueltos. Pero como la oferta jarrillera es discontinua, intermitente como un foco que se enciende y se apaga, los gualdinegros no terminan de cerrar el partido. Juego abierto. Alternativas. Una vez más, y en esta ocasión más que nunca por llegar de colistas, los armeros están obligados a utilizar su apodo para meter miedo en el cuerpo de la tropa jarrillera. Y a fe que lo intentan. Pero entre lo tierno del terreno, que les hace caer como soldaditos desplomados,  y el acierto de Urko cuando de él se precisa, consiguen que en mi memoria se reedite aquel titular de hace  tres temporadas: aunque armeros, “Demasiado jóvenes para matar”. Y como a nosotros parece darnos miedo darles el tiro de gracia, el partido estará, mientras dure, abierto, y nosotros, valga la redundancia, a tiro de los armeritos. Película para todos los públicos. Licencia para matar…

Entra el aire. Corre el viento en La Florida. Tengo frío. Que cierren las puertas, por favor. Y desde el Parnaso, el Cielo o los Campos Elíseos, la voz de Andrés Montes: “¿Dónde están las llaves, Salinas?”…Para meter un gol no se necesita más que ese espacio de tiempo tan corto que tarda el balón en recorrer la distancia que lo separa de la raya de gol sobrepasada. Queda un mundo, por tanto. En el que no habita Clausí. La ambulancia dibujada debajo de la columna que en el panfleto amarillo firma el mister Luaces está vacía: ni lleva ni trae lesionados o enfermos. Estará sancionada la lujosa alforja que se trajo el de Busturia del zoco de Illescas. Cansado, quizás, el chico del esfuerzo del Coliseum. Ni yo tengo todas las preguntas ni el contestador todas las respuestas. Cuando sale, suele ser moneda de cambio, Y cuando no lo hace…¿cuál es la razón?…Si algo pasaba con Mery, algo pasa con Juanjo: ¿qué es lo que falta  que la aventura falta? Con la segunda mitad por delante, al partido sólo le conviene una cosa: que se acabe; que el árbitro manipule su reloj, que lo adelante, tanto que se vea obligado a pitar el final. Y si los chavales del Eibar lo rodean en protesta, que les diga: “Yo soy Cronos, dios del tiempo, luego el tiempo soy yo y este partido se ha acabado”. Fantasías, deseos, anhelos. Nadie es dueño del tiempo porque nadie puede ser dueño de algo que no existe. Pura imaginación, como de niños en la campa: “uno a cero, cambio, y uno a cero, “acabao” . Y se cumple. Los niños no mienten, pero sufren, y de qué manera, la incertidumbre que conlleva vivir sin saber qué será de nosotros cuando nos llegue la hora, el final de este partido, que se enreda como hiedra en la fachada de esa casa sin dueño que es La Florida. Como la del lechero San Román. Sí aquella frente al instituto Zunzunegi, asaltada por rumanos, esta Florida nuestra, convertida en campo de batalla donde pugnan un ejército poderoso y una colección de soldaditos de plomo. La lógica dicta que el virtuoso que hizo frente al gigante Getafe tiene todas las de ganar. Mas su juego, que por atractivo, divierte y cura, no es capaz de sofocar la resistencia azulgrana y poner fin a su rebelión. Básicamente, porque el juego de ataque que propone está lleno de intermitencias: ahora la toco, combino, me asocio, dejando abiertos como platos mis ojos…y de repente, pierdo, extravío o me roban el balón. Y claro, aunque ellos no tengan malicia, en cualquier descuido se les dispara el arma y te matan o te hieren de gravedad. Cuesta creer que unos críos nos roben el pelotón. Pero lo hacen. Y me llaman la atención sus brusquedades: alguna que otra patada dan ante la permisividad del señor Lavín, que confunde la igualdad con la justicia. Cree que dividir 6 tarjetas entre 2 es de tipo honesto, cuando en el camino se han quedado sin sanción todo tipo de tarascadas, siendo la víctima, en más de una ocasión, el mismísimo Javi González. Qué poco respeto, por Dios, a “Mac Arthur”, soldado indemne tras mil batallas y veinte guerras…

Llega un momento el que, en partidos como éste, hueso duro de roer, uno firma la victoria por la mínima en pleno fragor, cuando el pescado no está del todo vendido y la tela que queda por cortar es ancha y larga. Se pelea por el balón…y yo no estoy para discusiones. Está la pelota en pies del rival…y me da miedo que uno de esos balones que, en vertical, a la altura de una cabeza lanzan al área, se convierta en cebo para que el árbitro pique y les señale el penalti que a nosotros en justicia nos concedió. Que, en definitiva, pasen de avezados cazadores a esos maestros que, con una rudimentaria caña, son capaces de pescar en un río apenas revuelto, pero de fondo, todo él, de barro  y fango. Dura ha sido la pelea. Alberto Pérez lo denuncia cuando, en el minuto 76, acompañado por una ovación de gala, abandona el campo como uno de esos futbolistas a la antigua usanza: embarrado de la cabeza a los pies. El portugalujo del que a mi lado se dice que es “el alma de este equipo”. El rey otrora  insatisfecho que un día se puso la zamarra gualdinegra y cada domingo siente que se enfunda “la camisa del hombre feliz”. Alberto: de oro, hulla y barro. El que con su cámara le enfocó sabe que en su casa guarda un tesoro.

La imagen de las mil palabras. El que tenga la fotografía se podía haber ahorrado esta lectura. Por mucho que me haya esmerado, jamás esta crónica mía de miles de palabras podrá valer lo que significa el rostro embarrado de un jarrillero de los pies a la cabeza.

En Sopelana, a 16 de noviembre de 2010

Firmado: Luis Marí Pérez García, “LUIS”, futbolista durante 11 temporadas del Club Portugalete
mail: samuagez@yahoo.es


Opinión: Portugalete – Eibar B. LA PREVIA

Fecha: 13/11/10


Con la autoridad que (me) da ser Licenciado en Periodismo y contar con una experiencia de treinta años escribiendo sin parar, así de noche como de día, reportajes para la prensa vizcaína, relatos y cuentos (uno de ello, premiado como el mejor en un prestigioso certamen), decenas de crónicas encuadernadas de los partidos del Portu, sesenta Cuadernos de Viaje (crónicas y cuadernos muy elogiados por el añorado Marrodán) biografías, cartas (una de ellas emocionó, casi, hasta el llanto al premio noble de literatura José Saramago), artículos deportivos para radio Popular y todo tipo de “escritos”…Desde el poderío de mi arsenal, al que se le debe añadir un larguísimo etcétera…Desde mi dilatada experiencia en el mundo del Periodismo y la Literatura, en fin, estoy en condiciones de advertir que…Leer mis palabras puede perjudicar seriamente la salud. En concreto, la de aquellos que, sin que se les caiga la cara de vergüenza, me exigen…”¡brevedad!”. Ya que a la sexta línea se les nubla la vista y tienen mareos por no estar habituados a la altura de miras, para hacerse una idea más o menos clara de lo que sucedió el domingo (14 de noviembre) en La Florida, con el Eibar B de invitado especial, les invito a que recuperen la edición del lunes, 15, del Correo y del Deia. El diario del grupo “Vocento (que empequeñeció su apellido “Español” para mantener y ganar clientela), nos dedica, más allá de los onces, el gol y las amonestaciones, una crónica que marcará un antes y un después en este apasionante mundo de las crónicas de fútbol escritas: “600 espectadores en La Florida” (¿?)…¡Impresionante! Todo un modelo a seguir. El maestro José Mari Mujika no lo habría hecho mejor. Mi compañero Iñaki Bengoa (me imagino que a su pesar) nos regala un espacio equivalente a ocho de mis líneas. Es de agradecer que, a la hora de contar, los dedos le alcancen lasta los 800 aficionados, 200 más de los que sumó el sesudo escriba del Correo Español, que, al menos, tuvo la decencia de no firmar su obra maestra…Se nota mi enfado, ¿verdad? Es que lo estoy, enfadado. Por ello, para no pasar a mayores, al que no le guste el contenido, o bien el continente por su deficiente estilo o desmesura, le animo a que no se moleste, a que aparte sus ojos de este mi amargo cáliz…y se recree con la dos veces buena, por su brevedad, que es la crónica de Correo, y, con las estrecheces que el redactor jefe de deportes le hace pasar al del bueno de Bengoa…

Sostiene ese referente literario mío que es Saramago que “la naturaleza, al contrario de lo que pensamos, no es indiferente a las penalidades que pasamos nosotros los humanos”. Que si los niños se mueren de hambre, la Tierra protesta por medio de la furia del volcán. Y si cien mil inocentes son masacrados por un terremoto, el mar se enfada a modo de tsunami y remata la faena asesinando a otros tantos. Sensible naturaleza. Mundo maravilloso éste que no sé por que cojones habitamos. Sufrimiento humano y desastres naturales van de la mano, según ironiza el literato portugués de Azhinaga. Superó el Portu al Getafe en La Florida. Una muy buena noticia. Pero como al día siguiente el puto cáncer asesinó a mi amigo Xabi Murua (“Javi Morua), no tardó mucho el Mundo en mostrar su queja. Y empezó a llover. Miento. Aquello fue la ira desatada de mil dioses: truenos, rayos y centellas. Agua a raudales. El Diluvio Universal en diferido para los que hemos nacido fuera de aquellos tiempos en los que el prodigio estaba a la orden del día. La bestial tormenta me podría haber aniquilado (este verbo, me lo ha enseñado la buena televisión, proviene del cartaginés Ani-bal y sus ansias de no dejar títere con cabeza luego de la batalla)  ya que me pilló en el monte. Si resulté salvo,  fue porque, en vez de sorprenderme en la cumbre del pico Serantes, lo hizo hallándome a sus faldas. Cuando el cielo se tiñó de luto, el trueno tosió y empezó a llorar el firmamento, eché a correr como un descosido. Vertiginoso pasé junto a la residencia de asilados. Y no paré hasta ganar los bajos de la cornisa de una casa enfrentada al campo de San Jorge. Allí coincidí con un  hombre mayor al que el enfado del Cielo le había sorprendido de regreso del centro donde está acogida su esposa. “Tiene Alzheimer desde los 58 añós”, me confesó. “Y desde hace diez la tengo internada”. Al cruzar el semáforo de Cabieces, tuve que sortear una carretera reventada. Solidaria naturaleza, sin duda, con el ser humano, que insiste en perpetuarse en este planeta llamado por algunos “paraíso”…

La calma, que, dice el refrán, sucede  a la tempestad. Fue como una tregua intermitente que el caos cósmico rompió el domingo 14, muy de mañana. Cuando antes del inicio del Portu-Eibar subí a lo alto de los vestuarios con intención de entregar a Aintzane mi “penrái” para que colgara en esta Web la crónica del Coliseum, me encontré con mi presidente. Hablamos. Diálogo corto. Me puso al tanto de medidas ya tomadas. “El campo del Getafe tiene 105×70; La Florida, 102×63”…Pues en el Deia hay una chica que piropea a nuestro campo llamándole “diminuto”. “De eso, nada”. Antes de marchar, camino de la localidad que en la tribuna me guarda “el del 3”, nuestro mandatario me hizo sabedor del miedo que le embargaba: “Con lo que ha caído, y aunque el césped, verdad es, está precioso, creo que el campo va a terminar muy castigado”. Se equivocaba….

Firmado: “ LUIS”


Opinión: GETAFE 0-0 PORTUGALETE. Acaba la Copa, sigue la gloria.

Fecha: 13/11/10


LA LEY CASTIGA AL VIRTUOSO

Acaba la copa. Continúa la perplejidad, la  leyenda,  el mito, el  pasmo, la gloria… De cómo ganar sin golear; de cómo perder sin que te encajen ni un solo gol. ¿Amañó, entonces, el trencilla el acta arbitral redactando sucesos que no acontecieron, o que tuvieron lugar cuando, en un espacio de un par de minutos, se nos fue la luz de la conciencia?…La explicación es tan sencilla como dolorosa, por absurda e injusta: esa ley que, en una ataque de lucidez, le dio a un preboste de la Fifa con el fin de -para deshacer igualadas en partidos eliminatorios de ida y vuelta-  terminar con la ridícula, infantil y callejera crueldad de la moneda al aire, la mal llamada “lotería de los penaltis” y el siempre engorroso tercer partido en una cancha neutral. En tiempos de crisis y ahorro, hasta la palabra resulte derroche. Por ello, sabiendo que así contentaré a esos internautas que consideran la lectura como un deporte de riesgo, intentaré, ya de entrada, hacer un ejercicio de concisión que resultará reduccionista para los que no comulgan con mis preferencias, pero que nunca podrá ser tachado de falso ni mentiroso. Manejo el dato de más de mil palabras que me regaló una imagen. Miro a través del mismo cristal que miraron todos. Arrimo, en fin, el ascua a mi sardina. Barro para casa, que es aquí donde se quiere leer que…

…El Portu tuvo la última palabra para llevarse el gato al agua. En realidad, la tuvo Ramírez Domínguez, colegiado contrastado y por ello peligroso para los intereses del menos fuerte, que no del más débil. Pero cuando tenía que haberse hecho entender con su silbato, tragó saliva y se atragantó. Enmudeció. Porque, entre ser esclavo de sus palabras y dueño de su silencio, se ausentó, se fue por los cerros de Úbeda a pelar la pava con su mora del alma. Mientras, a falta de árbitro, buena fue la torta. Me refiero a ese balón que  la defensa portugaluja, desde la lejanía de los dominios de Macías, puso en el corazón del área cuando el partido agonizaba como río en el estuario a la espera de fundirse en el mar de los octavos de final. Ustari, arquero argentino de milicias en Getafe, lo vio venir, y, cuando sobrevolaba sus dominios, se elevó en salto, tomó altura. Es cierto que llegó a contactar con el cuero, pero más verdad es que, siendo consciente de que debía librarse de todo mal, puso tanto ardor como vehemencia en su empeño. De tal forma que, penalizado por la ley de la gravedad, su acción se tradujo en un “salto sobre un contrario” (penalti, según el reglamento) al que violentó, arrolló y derribó dejándole en el suelo hecho unos zorros. El tiempo se detuvo. Llegó la inacción. Tan sólo los ojos mirando al colegiado: los azulones, inocentes; los de oro y azabache, justicieros. Si a Ramírez no le hubiera vencido la pereza de, por vida, dar tantas explicaciones en la “Corte del poderoso”, si hubiera sido fiel al espíritu de ese “reglamento” que tanto veneran; o tan sólo honrado, juez honesto que aplica la ley  que los legisladores redactaron, a estas horas el Portu estaría entre los 16 mejores equipos de la Copa ; en octavos de final, a la espera de que el vientre embarazado del sorteo diera a luz otra corta pero apasionante vida que disfrutar, así en La Florida como en el Cam Nou. Escrito estaría. Como escrito estaba (teniendo en cuenta que estos pájaros negros pían de memoria) que el Getafe no saldría dañado, y sí el Portu perjudicado. Y es que en Madrid ni perdonan ni olvidan; sólo saben de venganza el as, marca, la ser, intereconomía, la primera, teledeporte, antena tres y telecinco ( o ensayo sobre la basura reciclada), cuatro, la sexta, etcétera y la madre que los parió. ¿Para que molestar al Getafe si el Portu está como loco de alegría y acabará dándome la mano? Y así fue que, lo que en medio campo habría supuesto falta directa, dentro del área  se quedó en agua de borrajas que en jarrilla nos bebimos como si fuera el cava con el que celebrar, por segunda vez en quince días, “el empate de la victoria”. Aún así, con el 1-1 en el global de la eliminatoria, el paso adelante lo tendríamos que haber dado nosotros si la justicia fuera justa y se dedicara a premiar la hazaña del débil y no el sonrojo del poderoso…

Por razones inconfesables y difíciles de entender, no me desplacé al sur de Madrid, y eso que tenía buenos compañeros de viaje, como Oscar “el del 3” , su esposa y la hija de ambos, Aintzane, chiquilla en cuyo corazón discuten la pasión del padre y la dulzura de la madre: cuando se hace la paz en sus entrañas, corre mansa por las venas su sangre jarrillera. Si en casa habría de ser, busqué en ello el lado bueno. Mi equipo, en directo. En “Gol televisión”. Escuchar “Portugalete”: el orgullo de haber nacido en la Villa. Y Luaces entrevistado a pie de campo, mientras, al fondo, su equipo calienta. Pita el árbitro, empieza a rodar el balón…y a dispararse los latidos de mi corazón inquieto, nervioso, excitado, miedoso, por qué ocultarlo. Pánico: ver a mi equipo frente a un grandullón que pretende hacerle daño, me da un respeto imponente, pero me llena de tanta ilusión como la noche de Reyes a los niños “magos”. En la quiniela, un triple: nos pueden hacer un roto, podemos salir airosos e, incluso, hay quien hace alusión a la campanada. Me quedo en medio, donde habita nuestra virtud que tenemos que exhibir en el Coliseum…

La primera mitad fue una delicia; canela en rama, oro molido. Igual que en La Florida , pero todo más pausado, lento, “4-5- 1” , Gondra, otra vez ejerce de enlace sindical entre la fábrica del centro del campo y el trabajo autónomo de Etxabe, que sueña con doblegar a la fiera sobre la arena de ese circo del sur de Madrid que llaman “Coliseum”. Y como los sueños a veces se hacen realidad, el cuento del partido puso en la punta de la  bota de Imanol el balón con el que a bocajarro debería haber goleado a un portero entregado a su fatal destino. Sucedió tan pronto, que habría marcado quizás el devenir del encuentro. Al Getafe, su empeño y su talento sólo le dieron para una ocasión y media, Al larguero, con el guante de Urko tapando todo resquicio; y rozando el palo el remate del “guaje” Colunga. Llevaban ya minutos los futbolistas en el campo cuando conté, y llegué hasta 6 jugadores que repetían con respecto al partido de ida. Pinilla, Goiria, Clausí, Gondra y Etxabe debutaban en la eliminatoria. El gran ausente: Javi González. Ni entonces ni ahora, como si la tierra se lo hubiera tragado. Para satisfacer mi curiosidad, me pongo al habla con uno de los enviados a la grada, que me dice, dejándome perplejo, que “se trata, al parecer, de un gesto altruista del de Zorrotza queriendo regalar su espacio y su tiempo a los compañeros”. Demasiado extravagante para resultar creíble. “Mac Arthur es un guerrero, y un coliseo era su escenario ideal. Lo cortés de su hipotético gesto no tendría que haber evitado la valiente presencia de ninguno de sus compañeros. Que hable él. En todo caso, vería el partido que yo vi: un Portu fiel a su ideario de tratar la pelota como si a sí mismo se trataran, con mimo, y sólo renegar de él cuando se siente el aliento del rival, llamarada, fuego, quema el cuero como si fuera un clavo ardiendo. Lo arrojan. Y cuando el hierro se templa, recuperan la posesión. Habría ayudado, en empresa tan noble, más allá de la experiencia de Javi González, el temple de “Avidal” para dar salida al esférico con criterio y elegancia, y que los laterales de la zaga que habría comandado hubieran estado. Las cosas, en su sitio, o sea,  Goria, en la derecha con derecho a esa “pernada” de acostar su cuerpo tan largo como la banda. Y a falta de un zurdo nato, el central Bergara a modo de tapón hundiendo sus pies en el lateral izquierdo de la defensa, como “espantapájaros” en lo más preciado de la huerta jarrillera. Por lo demás, “todo en orden, mi  comandante  Luaces”, que causa baja luego de haber caído herido en la “Batalla de las Encartaciones”. Con él en la grada y sí en el banquillo… ¡Qué más da!…si este equipo juega de memoria, y si sufre un lapsus, ahí está el apuntador Roberto Estepar con galones de entrenador titulado para  dar el chivatazo. Alcanzar el  descanso con la portería inmaculada: una necesidad imperiosa para mí; para otros, una proeza. Se trata de empezar el segundo acto con la moral intacta a fin de intentar minar la de un anfitrión de alta alcurnia. Que sabe, porque no es tonto e interpreta de maravilla el abucheo de su triste afición, que si el marcador no se mueve, el serio peligro que corre de ser apeado es directamente proporcional al número de vueltas que en el cronómetro del árbitro da la aguja pequeña del minutero. Todo es “Parejo”, como uno de los cambios que ha hecho Michel de salida. Con la ayuda de Sardinero, nuestra bestia particular, se pretende meter miedo en nuestras filas con fantasmas del pasado. El tiempo pasa en balde, pero nunca pasa en vano. Y es así que llega un momento en el que la balanza, por motivos que sólo tienen que ver con las leyes naturales relativas al poderío físico, se deja vencer hacia el lado azulón. Están ellos en el Coliseum, escenario de sus sueños imperiales donde sólo cabe la máxima de los atletas romanos: “más alto, más rápido, más fuerte”, lo que se traduce en ritmo e intensidad difícilmente soportables para un equipo que no sea el Portugalete. Orgullo jarrillero. Aquí nadie baja los brazos, ni entrega la cuchara. Si se muere, que sea comiendo, golosos, la tarta del partido. Muy mal lo tiene que estar pasando el Getafe cuando Michel, en un gesto supersticioso, ordena a sus jugadores que toquen madera: una, dos, tres veces (dos en el poste y una en el travesaño) para que la suerte no les sea esquiva y el destino no les traicione. Y la superchería les funciona…

Cuando ya estaba casi todo terminado, el Portu, como todo preso condenado a la extinción, tuvo la última voluntad. Lo ya narrado: el balón al área, la salida premeditadamente alocada de Ustari sabiéndose impune…y el jugador gualdinegro desbaratado en la hierba como un ciclista arrollado por un tren que se pasó de frenada.  Como anteriormente se dijo, el tiempo se detuvo, y el ser humano enmudeció . Y le llegó su hora a Dios, que, contrariando el mensaje que su hijo trajo a la Tierra , se portó como una divinidad menor al aliarse con el rico y poderoso en perjuicio del pobre, del manso y del humilde. Lo que en el centro del campo el “referí” habría cobrado falta directa, dentro del área del Getafe quedó impune. Ramírez Domínguez, astuto como el que más; árbitro que sabe que su silencio no despertará a la fiera del Imperio, y que no encontrará eco en un presidente educado y satisfecho, en un entrenador orgulloso, en una eufórica afición…y en un equipo que flotaba en una nube. Minutos después, a través del móvil, “el del 3” y yo intercambiamos nuestros puntos de vista: él me trasladó la emoción de ver tan de cerca  a los gladiadores jarrilleros sobre la arena del Coliseum, y  yo, aunque temblando de miedo, el orgullo de merecer -luego de 101 años de vida- la atención televisiva en horario de “Prime Time” con su indumentaria de gala: séame lícito el sueño de creer que era yo uno de los once que corrían. Etxabe; la imagen del buen gusto, el poderío físico del fuerte, el tocar madera del supersticioso, la prevaricación de un juez sibilino. Pero, sobre todo, lo que en última y primera instancia inclinó la balanza: premiar el gol en campo ajeno del poderoso, a pesar de no haber superado en juego a su rival, y no la virtud del Portugalete, que fue capaz, desde la distancia de tres divisiones, de ser, al menos, tan meritorio como su rival, el Getafe. ¿Por qué el que inventó la fórmula para deshacer igualadas coperas no contempló premiar al equipo de inferior categoría que fuera capaz de soportar el ímpetu del casi todopoderoso?…

El que avisa no es traidor. Lo digo muy claro: como encuentre al culpable de aquel desastre (el que concedió más valor al “gol en campo ajeno”) ¡lo va a lamentar!

P.D. La noche de “mucho” fue la víspera de la “nada” en los periódicos que a la mañana siguiente compré. Correo, Mundo Deportivo y Cantera Deportiva menosprecian a un equipo centenario al no gastarse cuatro euros para mandar un plumilla a Madrid; al escribir la crónica desde el sillón de su casa. Y eso, si es que vieron el partido, que tienen los textos toda la pinta de haber sido escritos horas antes del inicio del choque intuyendo que el Portu sería capaz de hacer lo que hizo. Al Deia, decirle que cumplió al convertir a una de sus reporteras en  “enviada especial”. Pero lo cortés del cumplimiento no quita lo valiente de afear que no estuviera atenta a la hora de las tarjetas. Ella, en el apartado arbitral, refleja dos: una por bando, cuando fueron cinco: dos para el Getafe (Ibrahim Kas y Mosquera), y tres para el Portu (Otiñano, Soria y Pinilla)…Y que confundiera su cariño con la mentira, o, al menos, la inexactitud, al adjetivar nuestro campo de La Florida como “diminuto”. Échate unas carreras por las bandas, guapa, que yo ya las recorrí durante quince años…

El jueves, día 11 de noviembre, el día del partido, fue una jornada especialmente dura para mí. Ya de mañana, recién despertado, un motín se desató en la cárcel de mi cuerpo cuando el poeta Marrodán y el genio “Morua” se introdujeron en una memoria mía ya rebosada por las emociones que habría de despertar el día. Como no soy dueño de mis sentimientos, y mucho menos de mis emociones, me asomé al balcón de la casa de mi exilio. Y mientras divisiva, a lo lejos, ¡pero tan cerca!, el Serantes y la línea de los Montes de Triano, sentí cómo el contenido del vaso se desbordaba. Y entonces ocurrió lo más natural…

…Como anticipo de la riada, mis ojos se humedecieron…para, de inmediato, brotar por el lagrimal un arroyuelo de llanto: agua de la presa que se abre para evitar que el cuerpo reviente. Por la tarde, dos horas antes del momento decisivo, por teléfono le confesé a Txema Lorente que obraba en mi poder un escrito suyo, “Un mundo de fantasía”, dedicado hace año y medio a la figura de nuestro común amigo Xabier Murua que me había sido regalado por José Angel, el pequeño de los hermanos Ozaeta Polancos. Y sólo en las palabras del director de “Los Barbis”, y en su promesa de un encuentro inminente, encontré un cierto consuelo a mi profunda tristeza.

En Sopelana, sábado, día 14 de noviembre del año 2010

Firmado: “Luis”, futbolista, en sus días, del Club Portugalete

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