Opinión: CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA – Primera Parte

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Nota: (Análisis de los sucesos acaecidos en la Villa desde las 21 horas del miércoles 27 de octubre hasta las 13 horas y 15 minutos (mas lo que dispuso la autoridad) del domingo 31 del mismo mes y del mismo año, 2010)

Nota previa: Con intención de orientar al lector/a en su tarea, se le comunica que esta “novela” se empezó a redactar a las 23 horas y 25 minutos del miércoles 3 de noviembre de 2010.

“CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA”

(Primera Parte)

“La Florida futbol-zelaian…            2010ko urriak 27

DIANA A LAS NUEVE DE LA NOCHE

Tomo prestado el nombre de un libro para encabezar esta crónica de una muerte anunciada, para mi gusto, la mejor novela que yo he leído si nos atenemos a la maestría con la que su autor, el  premio noble de literatura Gabriel García Márquez, maneja los tiempos, en plural, que no el tiempo, en singular…Sabiéndose desde la primera frase (“La mañana en la que lo iban a matar…”) que el escritor se dispone a narrar la historia de un joven, Santiago Nasar, que ya está muerto, pero que, paradójicamente, aún le tienen que pasar a cuchillo los hermanos Vicario, presuntamente humillados por una cuestión de honor mancillado a su hermana antes del matrimonio por un varón que parece no ser el asesinado…Sabiéndose la trama, decía, tal conocimiento no es óbice para que el lector que yo he sido no se quede enganchado a la historia desde el alfa de la primera frase a la omega del punto final. Tres o cuatro veces he leído la obra…y en todas ellas me he quedado fascinado por esa sabiduría del colombiano para hacer combinaciones de tres elementos, como son el presente, el pasado y el futuro, tomándolos como le viene en gana. Sería necedad por mi parte creer que usted releerá esta crónica mía. Me doy por satisfecho de que sus buenas intenciones le hayan permitido alcanzar este primer punto y aparte…

A una semana vista atrás del maravilloso espectáculo (que nadie hable de hazaña porque no medió la épica, sino el talento) nocturno que se vivió en La Florida, poco usuario de esta mágica red que llaman Internet habrá que por sus ojos no hayan navegado, pos-partido, los elegantes barcos que, porque el capitán así lo dispuso, no llegó nunca a quemar el Portugalete. Conocido el empate victorioso fraguado en un escenario más excitante que una noche de Reyes en un circo abarrotado de niños de cuatro años, el ritmo endiablado, la brutal intensidad, la velocidad de vértigo, la fuerza colosal, la depurada técnica individual y colectiva…El derroche que, en fin, a partes matemáticamente iguales (gocé tanto que no me importa dar mitad y mitad al cesar azulón lo que es del cesar y al dios vestido de oro y hulla lo que pertenece a la divinidad) escenificaron “los del sur de Madrid” y los del norte occidental de Euskal Herria. Al corriente de todo el aficionado, el que estuvo y el que no acudió, el portugalujo y el que no tuvo el privilegio de nacer en mi Villa. Visto, y repetido en televisión, lo que se vio (ni el más nimio lance tuvo desperdicio, ya en el verde como entre el decorado lujoso que componían la parafernalia y la afición), dichos los dimes y diretes durante el juego, agotadas las polémicas en radio y televisión, consumida la cera que arde en las tertulias de las tabernas…A la espera todo pitxitxi del partido de vuelta (8 de la tarde del jueves 11 de noviembre en el Coliseum), gestionado el pudiente viaje y pensando en la pizza cuatro quesos los pobres de sueldo, y los de espíritu también, qué puedo ya decir que un oído necesite, qué contar que al más despistado sorprenda. En verdad les digo que, desde el punto de vista periodístico, por noticioso, nada. Si tuviera la intención de sacar a la calle un periódico a base de noticias rabiosas (“el hombre que muerde al perro”, se me ocurre), parte meteorológico, reportajes y decesos acaecidos y elaborados más de siete días antes de la tirada, sólo lo compraría yo…y por aquello de engordar mi hemeroteca. Se trata, entonces, de, con los productos que dio el fértil suelo de La Florida y aledaños entre las siete y media de la tarde del miércoles 27 y las 13 horas y 20 minutos del domingo, hacer una tortilla de patata digna de las mejores noches de San Mamés, o, bajando ya de una vez a la arena para batirme en duelo conmigo mismo y mis enemigas imitaciones, reescribir la “CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA”, y que García Márquez, “Gabo”, compasivo, me perdone. Desde su intención, él sabe que yo no plagio: me dedico a coleccionar emociones y sentimientos. De ahí no paso. Crónica, muerte, anuncio. Lo llamo artículo pero crónica es lo mío. La muerte –yo le llamo asesinato- ya se ha producido, pero al finado aún no le han matado. Y que a un hombre le van a quitar a media mañana la vida no es ya que sea un anuncio, es un secreto a voces; y me quedo corto. Como en la prodigiosa obra del escritor sudamericano, todos en su ciudad, menos el propio interesado, sabían que los hermanos Vicario, muy de mañana, estaban en la carnicería afilando cuchillos de destazar cerdos para destripar al inocente Santiago Nasar. En esta muerte anunciada, y no otra cosa, que es la vida, familiares, allegados, amigos, médicos y curiosos de Portugalete  y Bizkaia entera sabían que ese destino fatal que dibuja Márquez en su libro había señalado con ceniza la frente de Xabier Murua para que un cáncer asesino hiciera el trabajo sucio. La trama de esta terrible crónica me la contó Maika en Anguiano cuando me dio a leer un mensaje en su móvil enviado por José Angel anunciando, aunque sine die, la celada que a su hermano Javi Morua le tenía preparada la muerte. Que ésta, como la de Santiago Nasar, chulesca e inmisericorde, se entrometa en la parranda que los jarrilleros tienen de noche y de día, bebiendo vino en la copa y sidra en jarrilla, que tendríamos que beber amarga hiel vertida en cáliz hay quien está convencido de que no es casualidad . Las profecías, a veces, se cumplen, y siempre cuando es el propio fallecido el que aguanta no sé cómo hasta que su equipo toque el cielo para poder de inmediato exclamar: “Todo se ha consumado”. Pero de eso, nada, Javi Morua, que aquí el que escribe soy yo y tú eres mi personaje. Por eso te necesito en la cama tumbado. Mas no te duermas, que en la mesilla ha colocado tu hermano la radio para que escuches en Radio Popular el partido de La Florida…

Qué ambiente, Xabier. Veinte éramos a las 7 y media cuando Oscar, “el del 3”, y yo hemos entrado a fin de asegurarnos nuestra localidad. Y de tres mil, cuatro mil…y hasta cinco mil espectadores escriben las crónicas profanas que hemos estado. Pertenecen estas horas a la noche…y parece que es de día: luz como de sol en un cielo inmaculado sobre el precioso verde (Michel, entrenador visitante, se queja de que “está blando”; menuda jeta el del “Geta”). Es mi sueño soñado que se ha hecho realidad, Llamaradas de fuego por boca de dragones les llaman a los focos ubicados en lo alto de las grúas. De repente, suena nuestra “Diana”, ¿la escuchas, Xabier?, la canción que tú más amas, la que Aintzane ha pinchado para que nuestros jugadores se crean que es de mañana, y los que nos visitan sepan que no nos pueden amargar la fiesta porque “hoy nuestra diversión es la mejor del mundo entero”. Mas tú bien lo sabes, nada de confianzas que esta gente es muy viajada por Europa en condición de embajadores de la liga de las estrellas…Apariencias y engaños; ruido y nueces; río y agua…Es comenzar el partido y ver un equipo de verdad, todos ellos ricas nueces, aguas de un torrente que baja bravo. Hasta ahí, todo normal. Lo sorprendente es la sorpresa (juego de palabras más que redundancia) que nuestro entrenador nos tiene preparada. Y si a nosotros, a su colega, Michel, también. Repasando la alineación que ha escrito el madrileño en la pizarra, el que analice las cosas con ligereza piensa que aquel que se atrevió a tocar los testículos, ante las cámaras, al colombiano Valderrama, no tiene reparos en mostrar el poco respeto que le tiene al Portu alineando un once de circunstancias menores como es el choque no ya contra un equipo “segundón”, sino contra uno de tercera, por mucha fama de “matagigantes” que tenga. Pero el que se esmera en leer entre líneas habrá reparado en que, al menos, siete jugadores de la partida han formado más de una vez en el 11 ideal de la Liga: Ustari, Pintos, Marcano, Boateng, Arizmendi, Albín, Miku…participan, por orden del presidente Torres y al servicio del dios Zeus en el mitológico “Rapto de Europa”, también llamada “Copa de la Uefa” en el argot de los románticos. Pues bien, contra estos “mercenarios” del fútbol (nunca he oído que el Getafe, como sí lo es el Portu, sea un sentimiento) auténticos gladiadores algunos, como el ganés Boateng, se deben medir los  finos estilistas jarrilleros, algunos de nacimiento, el resto con mucho cariño por la afición adoptados. Vista la vertiginosa puesta en escena de los poderosos, llegué a temerme una pugna desigual entre fuerzas desniveladas igual que aquella de Lasesarre frente al Valencia aquel de Emery que no tuvo compasión y nos dio un repaso poniendo en escena un ramillete de internacionales. Cuando en el minuto 6, Sardinero, a bocajarro, fusiló a Macías, ejecutando la sentencia de un pase de la muerte, La Florida, que no había parado de gritar, enmudeció, y el tiempo retrocedió violentamente hasta aquella tarde del 16 de junio del año en curso en la que los gualdinegros, en su propia playa de “El Salto”, murieron ahogados en los brazos de su afición. No sin antes haber nadado, volado diría yo a mariposa, en desafío junto a un equipo que tuvo el viento de cara y la marea a favor. Aquel equipo era también el Getafe, con apellido B, que estaba de vuelta por Portugalete presentando su candidatura al ascenso a la Segunda División B. Traían el repertorio de un 1 a 0, diabólica melodía que se emponzoño a los 20 segundos en un velocísimo y prefecto contraataque que en gol convirtió Adrián. Adrián, que no es otro que Sardinero. Sardinero que, junto a Escassi, es uno de los dos futbolistas de su filial a los que Michel se ha atrevido a  dar minutos para hacer frente al Portu. O sea que de equipo de reservas y chavales, nada. Carne en el asador. Experimento con dinamita; la gaseosa, para los niños. Todos son hombres. Un reto, un desafío. Con todos en la mesa, un pulso que con el gol madrileño parece decantarse a su favor. No será así, sin embargo. Luaces ha preparado el guión de la película de su vida y no está dispuesto a que una noticia mala y de última hora se lo estropee. Es mas: es como si el partido necesitara de la chispa del gol en contra para que el partido se incendiara. Fuego en los cuerpos. Pasión en los corazones. El pulso, que parecía vencido, se iguala. El Getafe, entonces, tira de la cuerda intentando el arrastre…y la cuadrilla del Municipal de La Florida aguanta el tipo. Firmeza en los brazos. Pies enraizados a la tierra. Lucha entre iguales. Titanes, colosos en la arena de un circo cuyos graderíos el pueblo abarrota, fervoroso, entregado en cuerpo y alma a sus héroes. Hoy es la noche en la que la parroquia desearía ser el equipo, y los futbolistas, afición…

Ya ha puesto cada cual sus cartas sobre el tapete del rectángulo de juego. Es el momento, entonces, de hacerle saber al mister de Busturia que se ha metido en un buen “lío”. Me explico…Si el que habla tan  bien como Saramago escribe, de tanto deleitar a los escuchantes se convierte en el esclavo al que a todas horas se le solicita para conjugar su verbo, el que de cómo el Portu está jugando es –según declaró una noche en televisión- el máximo responsable. Al poner el listón tan alto, en próximos eventos el aficionado exigente, como yo, no se conformará con, al menos, tres cuartas partes de la exquisitez que está suponiendo este partido que, más que un duelo en el que a los desafiantes les separan tres categorías, reúne todos los ingredientes que aportan ese tipo de cuadros que luchan por Europa en la liga de las estrellas…Velocidad, fuerza, ritmo, intensidad…Técnica depurada, tanto en lo individual como en lo colectivo. Ahí están, si no, las inmaculadas transiciones que, de vertiginosas que son, ni la cámara las puede seguir. Si la defensa,  viciosa de buen fútbol,  luego de magrear el balón al compás que marca Ander Vidal, en vez de rifarlo, se lo regala en vertical y preciso pase al medio centro para que, girándose, a la vez que lo controla lo orienta para progresar en línea recta y abrirlo en ventaja a las bandas…Si el delantero, con su movilidad, rompe cinturas y crea espacios donde había barullo…Si el Portu, en fin, es pez grande y Goliat, ¿dónde –me dirijo a usted, señor Luaces-, en qué escondite nos tenía secuestrado a este equipo capaz de fabricar un juego preciosista, sublime, casi angelical…? Y eso que el equipo estaba plagado de novedades, tanto en los nombres como en las posiciones. Confieso que fui uno de esos desconfiados que, de salida, “renegó” del once por no ser el habitual, ese de la liga que se llama “de gala”. Eso sí: el sistema me gustaba: 4-5-1 (jugar sin portero y con dos delanteros me habría parecido el preludio de un suicidio)…Otiñano de pareja del mariscal Vidal (y, sin embargo, sería feliz si regresara Santi Vélez) en el centro de la zaga. Lombera, por fin un zurdo nato en su lateral. Con Bergara, la noche me confunde: no lo veo. Mas basta echar una ojeada a las Estadísticas para, con 675 minutos, aupado a la cuarta posición, 8, de 9, partidos jugados ( y su única ausencia, provocada por su quinta tarjeta amarilla), caer en la cuenta de que el entrenador lo considera titular aunque él sea un central en el país de los laterales ciegos. Aguiar se adueña del extremo derecho. Y un sorprendente Elustondo resucita al mejor Bittor Alkiza dominando la banda izquierda. Aunque, en el fondo, la razón de tanto equilibrio radica, en mi opinión, en el mágico triángulo del centro del campo. Gorka Soria, con su saber estar, por viejo más que por su diabólico fútbol, es el guardia que permite que el manito Iturriaga saque a pasear su inteligente zurda de seda, y que Alberto Pérez nos muestre toda la riqueza de su repertorio. Perfecta habría sido su actuación de no haber acontecido lo que sucedió al borde del descanso…

…Apareciendo en terreno enemigo como el que surge de la nada en un inmenso espacio vacío, con zancada como la del gato de las siete leguas, se plantó ante Ustari. Lejos de impresionarle nombre tan prestigioso, con descaro le burló hasta conseguir que se arrastrara por la hierba como si fuera un niño a gatas. Y cuando se vio delante de una portería vacía, en vez de contactar con la pelota para empujarla a red, se quedó dormido durante unas décimas de segundo. Al despertar, creyendo que ya había marcado el gol más soñado de su vida, se encontró con que todo era una pesadilla que una y otra vez se repetía: por mucho que empujaba el balón a la red, éste no superaba nunca la raya, porque sobre ella, tumbado, una especie de dragón lo repelía con tal violencia que la pelota se estrellaba contra la parte inferior del travesaño. Acabado el partido, el dulce sabor del empate no quitaba de la retina de los periodistas que le cuestionaban esa jugada en la que “yo siempre vi gol a pesar de que nadie lo cantara”. En la segunda parte, cuando la lógica teoría decía que el Getafe aguantaría el tirón, y el Portu se desinflaría, los gualdinegros tomaron el mando de las operaciones ante el estupor de Michel, que no sabía a que carta quedarse y acabó, desesperado o rendido, rompiendo la baraja y arrojando sus “ases” al suelo. Para tal descaro del humilde mucho tuvo que ver el tempranero gol del empate. En el minuto 52, siete tan sólo tras la reanudación, la constancia tuvo premio al quedarse la ruleta de la suerte clavada en el número 4. “Te toca jugar”, le dijo el crupier a Gaizka. Y entonces Bergara, que, libre de marca no muy lejos del palo más próximo a los vestuarios, estaba a la que saltara, empalmó de heterodoxa volea el balón. Tan deficiente fue su golpeo que nos engañó a todos. El esférico salió de su bota mordido, dando tumbos de mala manera, se estrelló en el suelo, provocándose, tras el choque en la hierba, una trayectoria parabólica que finalizó con el balón en la red tras rebasar la raya por la escuadra más lejana al origen del disparo ante la mirada impotente del arquero argentino…

Los cuarenta minutos que faltaban resultaron tan emotivos como frenéticos (la palabreja, esta última, junto a vértigo y vertiginoso,  de la noche). Sucedían tantas cosas, y tan seguidas, que las notas que iba tomando en un papel pisoteado de emociones no podían ser sino garabatos tan difíciles de entender, ahora que intento leerlos, como el padre nuestro escrito entero en un palillo de dientes. Huérfano ya de datos para completar la primera parte de esta “crónica de una muerte anunciada”, les invito a que se pongan en contacto con el amigo Paco Prieto de “Tele 7” a fin de negociar la compraventa del “deuvedé” de este partido que dejó a la parroquia extasiada. Y así seguirá hasta que comience el partido de vuelta en el “Coliseum Alfonso Pérez” de Getafe. Un partido que Xabier Murua no podrá ni ver ni escuchar. El motivo no lo voy a revelar, porque al bueno de “Morua”, aunque toda la Villa conoce su triste destino, la muerte no le ha venido a visitar. A estas horas de la noche, frontera que separa el miércoles 27 del jueves 28, su hermano ha llegado a su casa…

…Enciende la luz de la habitación de Xabier y, sin que medie palabra, ve cómo el hombre que ocupa el lecho levanta el dedo índice de sus dos manos señalando el empate de la victoria que le han narrado los amigos de Herri Irratia-Radio Popular. Raúl Jiménez, el locutor del partido, al igual que todos los protagonistas de esta novela, sabe que a Javi Morua lo van a matar en la mañana del día siguiente. Ha guardado silencio, sin embargo, porque aquí el que da vida a los personajes o se la quita soy yo. Y aún no he dicho la última palabra.

(Continúa…)

En Sopelana, a la una y 23 minutos del viernes 4 de noviembre de 2010

Firmado: Luis Mari Pérez García, “Luis”, futbolista (en sus días) del Club Portugalete

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